LifeStraw Flex

TEST & REVIEW I 3 meses con...

LIFESTRAW FLEX

AGUA POTABLE EN 3, 2, 1...

PROBAMOS EL LIFESTRAW FLEX BY VESTERGAAD, UN FILTRO DE AGUA DULCE INTEGRADO EN UN SOFTFLASK QUE PERMITE POTABILIZAR AGUA DIRECTAMENTE DE ARROYOS Y LAGOS DE MONTAÑA, VÁLIDO TANTO PARA BEBER DURANTE UNA SALIDA DE SENDERISMO O TRAIL RUNNING COMO PARA COCINAR EN ACTIVIDADES OUTDOOR DE VARIOS DÍAS.

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker

Hace un año empezamos a utilizar el LifeStraw Personal durante nuestras excursiones. De cómo funciona y cuál es la razón de ser de este filtro potabilizador ultraligero ya hablamos en nuestra review, en la que apuntamos sus virtudes, pero también algunas limitaciones.

El LifeStraw Flex es algo más pequeño y viene integrado en un softflask. Protege igualmente del 99'99% de las bacterias, parásitos, microplásticos y barro que haya en suspensión gracias a un poro de 0,2 micras. Además, este sistema permite filtrar agua para cocinar cuando estemos de vivac y llenar otros bidones con agua ya potabilizada.

Sobre el papel parece la herramienta ideal para cubrir nuestras necesidades de hidratación cuando hacemos actividades en el medio natural sin acceso a fuentes de agua potable. Pero antes habrá que ver cómo es y probar cómo funciona.

EXISTEN MÚLTIPLES SISTEMAS DE POTABILIZACIÓN DE AGUA Y CADA UNO TIENE SUS VENTAJAS Y SUS INCONVENIENTES.

PRIMERAS IMPRESIONES

El LifeStraw Flex consta de dos elementos: un softflask de 650 ml y un sistema de doble filtro que va unido a la boquilla. Contando los dos filtros, la boquilla y el softfask, el LifeStraw Flex pesa 90 gramos en total.

El filtro en sí mide 17 cm de largo y 2,5 cm de ancho. Se abre mediante dos roscas para poder sustituir tanto el filtro de membrana –el de la primera fase– como el filtro de carbono activo e intercambio iónico.

La boquilla es fina –5 mm–, rígida y tiene un tapón con seguro.

Por su parte, el softflask mide 27 cm de largo por 10 cm de ancho. Es algo más grande que los softflasks sin filtro que hemos utilizado habitualmente, que son de 500 ml o incluso de 250 ml. El material del que está hecho se nota más firme que el de la mayoría de softflasks. Seguramente sea menos ligero, pero da la sensación de ser más resistente y duradero.

Dentro de la caja también viene una jeringa de lavado. Al verla, lo primero que hacemos es echar mano de las instrucciones y leerlas atentamente.

Después de filtrar cinco jeringas de agua, llenamos el softflask, lo cerramos bien y probamos. Aunque el chorro es fino, el agua sale sin hacer apenas esfuerzo. Sólo hay que apretar el softflask con una mano. El sabor es bueno. El cloro y la cal han desaparecido. Es hora de salir de excursión con él.

CÓMO FUNCIONA

El LifeStraw Flex funciona como un filtro de presión. El agua del interior del softflask es empujada a través del sistema de filtrado por la presión que hacemos al apretar el bidón y sale por la boquilla ya limpia. Cuanto más sucia esté el agua, más esfuerzo habrá que hacer y más pronto habrá que volver a limpiar el filtro con la jeringuilla que viene dentro del pack.

VIDA ÚTIL

El LifeStraw Flex tiene un sistema de filtrado de dos fases. Después de superar la membrana principal, el agua llega a un filtro de carbono que mejora el sabor. Ambas partes se pueden reponer de forma independiente.

La vida útil del filtro principal está calculada para 2.000 litros, dependiendo de la calidad del agua. Aunque no parezca demasiado, la verdad es que si filtramos 1 litro cada día, nos durará casi 5 años. El filtro de carbón activo, en cambio, tiene una vida útil más corta: 150 litros.

UN FILTRO POTABILIZADOR REDUCE NUESTRA DEPENDENCIA DE FUENTES DE RED Y, SI HAY PUNTOS DE TOMA DE AGUA, PERMITE ALIGERAR LA MOCHILA DE FORMA SIGNIFICATIVA.

SOBRE EL TERRENO

El LifeStraw Flex ha resultado realmente útil en nuestras salidas de los últimos meses, ya fuesen de bikepacking –Vivak la Vida Loka en el Mascún– o de trekking en alta montaña –Ibones de Panticosa y Garmo Negro–. Nos ha servido para potabilizar cómodamente agua de ríos, pozos, fuentes no tratadas, ibones, etc., para obtener agua para cocinar y, por supuesto, también para rellenar con agua potable los bidones de los compañeros de aventura.

El proceso es simple y rápido. Sin prisas, cada softflask de 650 ml se puede filtrar en menos de 2 minutos.

MÁS FÁCIL, MÁS VERSÁTIL

Respecto al LifeStraw Personal, el LifeStraw Flex tiene claras ventajas. La primera es que captar el agua resulta sumamente fácil. No hay que hacer acrobacias a orillas del arroyo ni tumbarse en el suelo para acercar la boca a la superficie del río o el lago. Sólo hay que destapar el softflask, hundirlo en la corriente –sujetando bien, para que no salga río abajo– y se llena en apenas 5 segundos.

La segunda ventaja es que el agua potable mana por la boquilla al presionar el softflask. No hace falta sorber. La fuerza la hace la mano, no la boca ni los pulmones. Esto facilita mucho la rehidratación si estamos haciendo un esfuerzo más exigente, como correr o caminar a ritmo alto.

BEBER CORRIENDO

Aunque no ha sido diseñado específicamente para este fin, el LifeStraw Flex nos ha parecido muy apropiado para potabilizar agua en carreras o travesías rápidas por montaña. La única pega que le vemos es que al ser un poco más grande que los softflask habituales, no cabe tan fácilmente en los bolsillos de algunos chalecos de trail running.

PRECAUCIONES

Hay que asegurarse de que apretamos bien la rosca de la boquilla. Si no lo hacemos con suficiente fuerza, puede gotear. Parece una tontería, pero con las manos mojadas no siempre resulta tan fácil. Y nos da la sensación que esas gotas no han pasado por el filtro. Por si acaso, mejor apretar bien. Aunque luego cueste bastante más aflojarla.

Cuando llenamos el softflask sumergiéndolo en el agua, el depósito se moja por fuera. Es recomendable secarlo o esperar a que se seque con tal de evitar que esas gotas sin filtrar caigan en nuestra boca o en el recipiente de agua ya filtrada.

RECAMBIOS

Otra cosa que nos gusta especialmente es que se pueden comprar todos los recambios por separado: el LifeStraw Flex sin softflask –pero con los dos filtros incluidos– cuesta 23 euros; y si sólo necesitas cambiar el filtro de carbón activo e intercambio de iones, 12,95 euros.

OTROS MODOS DE USO

El filtro y la boquilla del LifeStraw Flex se pueden utilizar sin el softflask conectándolos directamente a una botella de plástico desechable que se pueda apretar y tenga la rosca estándar. Como solución de emergencia es importante tenerlo en cuenta.

También se puede conectar a una bolsa de hidratación tipo Camelbak o utilizar como si fuera una cañita LifeStraw Personal, pero esto obliga a sorber con mucha fuerza.

A DIFERENCIA DEL PERSONAL, CON EL FLEX NO HAY QUE HACER ACROBACIAS NI TUMBARSE EN EL SUELO PARA ACERCAR LA BOCA A LA SUPERFICIE DEL RÍO O EL LAGO.

A TENER EN CUENTA

· El LifeStraw Flex está indicado para filtrar agua dulce de ríos, lagos y manantiales de montaña o espacios naturales alejados de aglomeraciones humanas.

· No sirve para beber agua de mar.

· No purifica agua contaminada con productos químicos o metales tóxicos, como el mercurio, el níquel o el arsénico.

· Tampoco elimina los virus que miden menos de 0,2 micras.

· Sí detiene el 99’99% de las bacterias, como la Escherichia coli, la Salmonella y la Vibrio cholera, que es la culpable del cólera.

· También libera el agua del 99’99% de parásitos y protozoos, como el Giardia lamblia, que daña el intestino delgado y provoca diarrea, y el Cryptosporidium parvum, que causa igualmente descomposición en los humanos.

· También depura el 99’99% de los microplásticos.

FICHA
Marca: LifeStraw by Vestergaad.
Modelo: LifeStraw Flex.
Color: gris y azul.
Peso: 90 gramos.
Lugar de fabricación: Corea del Sur.
PVP recomendado: 39,95 euros.
Web: eu.lifestraw.com
Distribuidor: Esportiva Aksa

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