Cañón del Mascún – Sierra de Guara

MTB & TREKKING I 38 km I 1.440 m+

Cañón del Mascún - Sierra de Guara

EN BUSCA DEL CAMINO PERDIDO

UNA VEZ AL AÑO, EL NÚCLEO DURO DEL VIVAK LA VIDA LOKA SE REÚNE EN UN LUGAR RECÓNDITO Y SOLITARIO PARA DISFRUTAR DE UN FIN DE SEMANA DE BIKEPACKING. LAS NORMAS SON SIMPLES: POCOS KILÓMETROS, CERO PRISAS Y MUCHAS RISAS. EN ESTA OCASIÓN, LA SUERTE NOS LLEVÓ HASTA LA CABECERA DEL MASCÚN, EN LA SIERRA DE GUARA, DONDE AGUA Y SILENCIO MARCAN EL SON DE TODAS LAS FORMAS DE VIDA.

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker

Nuestra aventura comienza en Las Bellostas, un pequeño pueblo del Biello Sobrarbe situado en el límite septentrional del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara. Es sábado, acaba de amanecer y el sol calienta desde que ha aparecido por el horizonte. Los meteorólogos llevan días alertando a quien les escuche: el fin de semana será tórrido.

El plan está muy claro. Queremos pedalear de poza en poza, siguiendo una ruta que hemos dibujado tras estudiar el mapa por los cuatro costados, pero dejando espacio a la improvisación. No sabemos dónde dormiremos. Llevamos encima todo lo necesario para pasar un día y medio en plena naturaleza: comida, agua –y filtro para potabilizar–, abrigo para vivaquear y bañador. ¡En marcha!

LLEVAMOS ENCIMA TODO LO NECESARIO PARA UN FIN DE SEMANA WILDERNESS: COMIDA, AGUA, ABRIGO PARA VIVAQUEAR Y BAÑADOR.

RECORRIDO

38 km

Itinerario circular con inicio y final en Las Bellostas para explorar por caminos y sendas el solitario y primigenio territorio de la cabecera del río Mascún, accediendo a pie hasta el interior de su espectacular cañón.

DESNIVEL

1.440 m+

La ruta es un sube y baja muy entretenido, con dos tramos a pie hasta y desde el cauce del Mascún que hacen aumentar considerablemente el desnivel acumulado.

DIFICULTAD

4/5

Recorrido exigente en el plano físico, pero también en cuanto a técnica. Alberga abundantes sectores de senda trialera (de subida y de bajada) y algún breve tramo que implica empujar la bicicleta.

ATRACTIVOS

☆ ☆ ☆

Visitar los deshabitados de Bagüeste, Letosa, Otín y Nasarre, bañarse en la poza del Saltador de las Lañas, observar las impresionantes formaciones rocosas del cañón, aventurarse por el sendero d'O Turno en busca de El Beso...

SENDAS TENTADORAS

Nada más empezar, resolvemos la primera indecisión. "¿Pista o senda?". La respuesta es unánime: "¡¡¡SENDA!!!".

El primer descenso nos lleva hasta el curso del Balced, que nos recibe con sus aguas cristalinas y unas grandes losas resbaladizas. Lo cruzamos y remontamos la sinuosa vereda de la orilla opuesta, corriente arriba, hasta desembocar en la pista de antes. A partir de aquí, rodamos por caminos diversos hasta el deshabitado de Bagüeste.

Una decena de casas en ruinas nos saludan, vencidas, desperdigadas por la ladera. Aquí jamás llegó la electricidad. En lo más alto del cerro se encuentra la iglesia dedicada a San Salvador. Con cuidado, entramos en el templo, que podría datar del siglo XII. Detrás del altar, en una pequeña hornacina, dos pequeñas figuras que parecen dos ángeles nos observan. Fuera corre el viento. Las vistas son inmensas.

BALCONES CON VISTAS

Salimos de Bagüeste a trompicones, pues los muros de piedra se han desmoronado sobre el viejo camino. Un poco más abajo, la senda queda más limpia y volvemos a montar en las bicis.

A través del bosque llegamos al cauce del Mascún, ya muy cerca de Letosa y del antiguo molino en el que los vecinos de la zona molían el cereal. El río discurre tranquilo.

Poco antes de llegar a Otín, en el acceso a la faja Raisin, escondemos las bicicletas en el bosque e iniciamos el descenso a pie hacia el Saltador de las Lañas. El sendero surca la pared de roca. Todo él es aéreo y, en varios puntos, expuesto, impensable para quien padezca de vértigo. La grandiosidad del cañón y sus afiladas formaciones rocosas impresionan tanto como el vacío.

POZAS DE AGUA TURQUESA

Unos 20 minutos después estamos almorzando junto a la poza de aguas turquesas del Saltador de las Lañas. La preciosa cascada está formada por una vertical escalinata de unos 30 metros de altura. Por ella vemos descender a diversos grupos de barranquistas ataviados con neoprenos, cascos y arneses, que rapelan, saltan y vocean de emoción al entrar en el cañón por la directa.

Es mediodía. El agua está fría. Chincheta y Sergio son los únicos valientes que se bañan, pero todos buscan la sombra. Es hora de siesta.

EL SENDERO DE LA FAJA RAISIN ES AÉREO Y EXPUESTO EN VARIOS PUNTOS, IMPENSABLE PARA QUIEN PADEZCA DE VÉRTIGO.

UNA FUENTE PARA CIEN VECINOS

De nuevo con las bicis, recuperamos el camino a Otín, el tercer deshabitado del día. En la entrada del pueblo, que en 1940 tenía 112 vecinos, encontramos la fuente de O Lugar. Reparada recientemente, hoy funciona con una bonita bomba manual de fundición.

Tras refrescarnos y rellenar los bidones, damos una vuelta por el barrio bajo. Todas las casas tienen el tejado hundido o herido de muerte. Incluso el edificio que albergó el mítico Bar Manolo, abierto durante la década de 1980 y clausurado poco después, se cae a pedazos. También la ermita que funcionó como refugio, en la que todavía se alinean varias literas frente al altar.

CAMINOS CON SENTIDO

Tras dejar las bicis medio escondidas en un bancal, tomamos el sendero d'O Turno, en dirección al interior del cañón. Al principio, el camino dibuja un zigzag sereno y estudiado. Después, ya dentro de la canal, las zetas se encabalgan, la pendiente se dispara y el firme se complica.

Mientras perdemos altura, como quien huye de la idea de lo dura que será la subida, David reflexiona en voz alta: "Este camino debía de llegar a algún sitio...". Pero las paredes de enfrente parecen inexpugnables y en el fondo del barranco el agua inunda cualquier paso. Así que la incógnita se queda flotando por los riscos del cañón, entre bosques de boj y verticales paredes de roca caliza de las que despegan los buitres y los alimoches.

Después del baño –obligado para llegar a El Beso–, regresamos a Otín. Al llegar ya es hora de recogerse, cenar algo rápido, explicar batallitas entre chupito y chupito de ratafía y contar estrellas fugaces desde el saco de dormir.

ENTRE MUROS DE PIEDRA

A la mañana siguiente, retomamos el viejo camino de Nasarre, más exigente que el nuevo, pero también más divertido. Para llegar a Pardina Billanuba nos toca hacer el jabalí, pero con un poco de paciencia y tesón acabamos llegando a buen puerto.

Nasarre espera unos cientos de metros más allá de su fuente, al final de un bucólico camino flanqueado por muros de piedra. La iglesia de San Andrés, cuyo origen se remonta al siglo XI, se encuentra separada de las viviendas. Aquí no queda nadie. Sólo un macho cabrío nos saluda, nervioso, desde el interior de una casa medio derrumbada.

BAUTISMO BIKEPACKER

Para el regreso a Las Bellostas optamos por un camino más rodador que alterna largas bajadas con breves repechos, pasando por las Colladas del Aire, el barranco de Raisin y el deshabitado de San Hipólito. Absortos, entre roquedales, mantos de erizones y delicadas orquídeas, avanzamos al ritmo de Chincheta, que se baña en cada charca, cada arroyo y cada abrevadero.

Se acerca el mediodía. La calima difumina el horizonte pirenaico. La vista se pierde, libre, por inercia, como el aire de esta burbuja invisible. Este submundo minúsculo y a la vez inmenso que ahora se nos antoja infinito.

Sólo la subida final a Las Bellostas nos hace despertar. Eso, y el agua del ceremonial bautismo bikepacker que nos administra Amelia, la sacerdotisa del wilderness, en las poderosas y refrescantes aguas del río Balced. Es hora de regresar a la otra realidad.

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