Camino Natural Hoya de Huesca

BIKEPACKING I 140 km I 3.000 m+

Camino Natural Hoya de Huesca

VUELTA AL REINO DE LOS MALLOS

TOMANDO COMO BASE EL CAMINO NATURAL DE LA HOYA DE HUESCA, VIAJAMOS ALREDEDOR DEL HISTÓRICO –O LEGENDARIO– REINO DE LOS MALLOS, AQUEL EN EL QUE GOBERNÓ UNA REINA LLAMADA BERTA. CASI MIL AÑOS DESPUÉS, PEDALEAMOS ENTRE COLOSOS DE ROCA ROJIZA, VERDADEROS SOBERANOS DEL TERRITORIO, REDESCUBRIENDO ANTIGUAS VEREDAS EMPEDRADAS Y CAMINOS QUE CONECTAN PUEBLOS, RÍOS Y CASTILLOS.

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker

A caballo de las abruptas sierras del Prepirineo oscense y la inmensa llanura de la Plana de Huesca, el Camino Natural de la Hoya de Huesca traza un espectacular recorrido de 133 km desde los confines orientales de la Sierra de Santo Domingo hasta el corazón de la Sierra de Guara. Este itinerario, señalizado y acondicionado para la práctica del senderismo y el cicloturismo en mountain bike, inspira un viaje alrededor de la Sierra de Loarre, en el antiguo Reino de los Mallos, un territorio que fue frontera, sede feudal y escenario de escaramuzas, campo de batallas, alianzas, conjuras y traiciones, pero también vía de paso y punto de encuentro. Hoy, entre titanes de roca antediluvianos, pedaleamos en busca de silencio, naturaleza y emociones reales. Necesitamos vivencias propias. Viajar. Perder el aliento. Fatigarnos para poder descansar de verdad. Sin ir lejos. A este lado del horizonte.

ENTRE TITANES DE ROCA ANTEDILUVIANOS, PEDALEAMOS EN BUSCA DE SILENCIO, NATURALEZA Y EMOCIONES REALES. NECESITAMOS VIAJAR. PERDER EL ALIENTO. FATIGARNOS PARA PODER DESCANSAR DE VERDAD.

RECORRIDO

140 km

Itinerario circular que recorre el Camino Natural de la Hoya de Huesca entre Agüero y Arguis, y regresa al punto de inicio por la vertiente septentrional de las sierras de Loarre, Riglos y Santo Domingo.

DESNIVEL

3.000 m+

Aunque las dos etapas tienen kilometraje idéntico, la del sector sur es mucho más abrupta y exigente que la norte. Conviene reservar fuerzas para las ascensiones de la parte final de ambas jornadas.

DIFICULTAD

4/5

Predominan los caminos y pistas ciclables, pero casi todos los tramos de sendero son técnicos. Con las variantes propuestas, los tramos en los que hay que caminar se reducen a sólo 2 km.

ATRACTIVOS

☆ ☆ ☆

Pedalear a los pies de los mallos de Agüero y de Riglos, observar el vuelo de los buitres, visitar el castillo-abadía de Loarre, cruzar la Sierra de Santo Domingo por el espectacular Portillo de La Osqueta…

PIEDRAS ESCULPIDAS

El Camino Natural de la Hoya de Huesca arranca en Agüero, un pequeño pueblo en el que apenas viven un centenar de personas, pero que custodia diversos tesoros. El más visible de ellos es el inmenso mallo que domina el paisaje, justo por encima de los tejados de sus casas y el campanario de la iglesia. El otro es la impresionante portada románica de la parroquia de San Salvador. En el muro norte del templo, la rige un solemne Cristo pantocrátor escoltado por el tetramorfos típico del medievo, que representa a los cuatro evangelistas en sus formas simbólicas –hombre, águila, toro y león–, todos ellos esculpidos entre otras escenas enigmáticas.

Desde la plaza, las señales nos guían por estrechas e inclinadas callejuelas hasta que, de pronto, abandonamos el pueblo por una senda que enseguida desemboca en una sinuosa carreterilla. Unas curvas más allá, tomamos un camino que se lanza en picado entre almendros hacia una vieja calzada empedrada que nos llevará prácticamente hasta Murillo de Gállego. Este tramo, casi todo él entre muros de piedra, incluye algo más de 1 km de trialera ciertamente complicada. Si no nos gustan los descensos técnicos, la carretera es una muy buena alternativa. Además, pasa muy cerca de la ermita de Santiago, el misterioso edificio inacabado en el que hace 800 años trabajó el famoso maestro de San Juan de la Peña.

MIRADAS AL CIELO

A partir de Murillo, un camino ancho y pavimentado desciende entre olivos hasta el curso del río Gállego, que cruzamos por una larga pasarela peatonal. Una señal del Camino Natural nos exhorta a franquearla bajados de la bici, lo que aumentará las posibilidades de sorprender a una garza real en sus orillas, o distraer la mirada en la corriente e imaginar a las nutrias pescando truchas arcoíris en sus frías aguas. Al otro lado, el sendero trepa en zigzag, obligándonos a empujar la bicicleta y subir algunas escaleras durante unos 300 metros.

En menos de 5 minutos, la pendiente se apiada de nosotros y la senda se vuelve ciclable. Rodea un sembrado dando una amplia curva y frente a nosotros, de repente, se alzan los inconfundibles mallos de Riglos. Como una dentadura quebrada y teñida de sangre, parecen arder entre el verde de los campos y el azul del cielo.

Un par de cuestas más allá, cruzamos la vía del tren –la otrora tan importante línea internacional de Canfranc– y llegamos a Riglos, el pueblo de los escaladores. Dependiendo de la hora, será buen momento para almorzar en alguna terraza –como la de El Bar de Riglos– y elevar la mirada hasta donde permitan las cervicales con tal de divisar las minúsculas figuras humanoides progresando como lagartijas por los vertiginosos muros de los mallos, de casi 300 metros de altura.

SENDEROS DE OTROS TIEMPOS

A partir de Riglos, la ruta continúa en subida. Primero por un camino estrecho que avanza a los pies de los mallos, en dirección al Paredón de los Buitres, donde nidifica una de las colonias de buitre leonado –Gyps fulvus– más grandes de Europa. Poco a poco, el valle se encajona y el sendero se empina sin previo aviso, retorciéndose para ganar altura por el Barranco de los Clérigos e izarnos en el menor tiempo posible, tal y como hacían los caminos de antaño, hasta el Collado de Santo Román. Este es el único tramo no ciclable que hemos mantenido en nuestra "versión con variantes" del Camino Natural de la Hoya de Huesca entre Agüero y Arguis. Aunque no es precisamente corto –implica unos 20 minutos empujando la bici–, el entorno merece el esfuerzo y las alternativas se alejan demasiado del itinerario original, algo que sin duda desvirtuaría la experiencia.

Por tanto, a empujar se ha dicho, y antes de que nos hayamos dado cuenta, ya estamos en el collado, donde confluyen varios caminos y se abre un espléndido mirador del Pirineo, que luce nevado sobre el horizonte. Ahora la ruta vuelve a fluir por un camino ancho y rodador, entre matorrales de boj y aliagas, hasta los restos de la ermita románica de San Miguel, del siglo XII, y las ruinas de la torre medieval de Marcuello, del siglo XI.

En los siguientes kilómetros, continuamos rodando a placer por la cara sur de la Sierra de Loarre, bajo las crestas calizas de la Peña del Sol. En este tramo, el Camino Natural se abre paso entre cajigos y bosques de repoblación de pino laricio. De vez en cuando, abandona la pista por un sendero boscoso y regresa al camino principal poco más allá. Nosotros optamos por la vía fácil y directa, que sube suavemente, con ganas de avistar el fastuoso castillo-abadía de Loarre, del siglo XI, que en los últimos años ha servido como escenario de diversas películas.

FORTALEZAS INEXPUGNABLES

Poco antes de llegar, el track oficial del Camino Natural vira a la derecha para perder altura por una bucólica senda, en dirección a Loarre. Nosotros subimos hasta el castillo, por lo que continuamos hasta la carretera de acceso. La visita merece realmente la pena. La fortaleza, rodeada por una muralla con once torreones, se apuntala sobre un espolón rocoso perfecto para su defensa. Desde aquí, se avista la fértil llanura de la Hoya de Huesca, el territorio que había que conquistar, controlar y defender cuando estas sierras eran frontera.

Al pueblo de Loarre bajamos por la carretera, pero poco antes de llegar tomamos un camino a la derecha que nos lleva hacia el viejo puente de piedra que salva el río Astón –en la actualidad no cubre mucho, la verdad–, pero que es muy querido entre los paisanos, que lo llaman "puente romano" aunque sea mucho más moderno. Una vez en el centro, nada mejor que pasar por la panadería para catar las tortas artesanas que Emilio, el hornero, prepara con cariño y esmero para endulzar los desayunos y meriendas tanto de los vecinos como de los forasteros.

ÚLTIMO ESCOLLO

Con los depósitos repletos de energía, partimos por un camino cómodo y ancho que enlaza toboganes hasta Aniés, el siguiente pueblo del itinerario. Hasta Bolea, el Camino Natural comparte trazado con el Camino de Santiago –el ramal que conecta Montserrat con San Juan de la Peña–, siempre por carriles rápidos y un breve tramo de sendero realmente bucólico, muy emboscado, cuya entrada es fácil que nos pase desapercibida.

En Bolea conviene tomar fuerzas, hidratarse y rellenar los bidones, pues viene un largo y exigente tramo sin opción de avituallamiento. El Camino Natural se dirige ahora hacia Arguis saltando entre las sierras Caballera y Gratal, catapultándonos desde los 700 a los 1.400 metros de altura. De entrada, una pista ancha nos lleva hasta el cruce de la ermita de La Trinidad. A partir de aquí, el trazado oficial sube por senda hasta el Collado de los Pozos de Nieve. Nosotros optamos por continuar por la pista, que dibuja mil zetas y pone a prueba nuestra resistencia física y mental. Se trata de un tramo duro, muy pedregoso en algunas curvas, pero ciclable, que confluye en el mismo collado.

Superado el Paso de Sarramiana, punto más alto del itinerario, el Pirineo se despliega de nuevo ante nuestros ojos. Arguis aguarda en el fondo del valle, a los pies del Puerto de Monrepós. Para el descenso, tras estudiar el mapa con detalle, escogemos el camino de la Sierra de Gratal, descartando el sendero del hayedo de Peiró, que nos parece más indicado para los caminantes que para las bicicletas, y nos dejamos caer por la pista hasta orillas del río Isuela.

UNA ESCAPADA CIRCULAR

Llegados a Arguis, el Camino Natural de la Hoya de Huesca continúa su viaje hacia la Sierra de Guara, pasando por el remoto pueblo de Nocito, el embalse de Vadiello, Ayera, Sipán… para culminar en Bierge, donde enlaza con el Camino Natural del Somontano de Barbastro. Los nuevos horizontes siempre tientan, pero el fin de semana es demasiado corto y debemos poner rumbo a la realidad.

El segundo día, pues, toca volver a la casilla de salida. Para ello hemos trazado una ruta de regreso a Agüero que va por el otro lado de las montañas. Se trata de una etapa más suave, quizá no tan espectacular, ni tan intensa, pero también salpicada de atractivas eses –silencio, solitud y sosiego– que acaba configurando una mini-escapada redonda.

Primero rodamos por una idílica carreterilla que fluye a orillas del Garona, haciendo escala en Bentué y Rasal. Son las únicas poblaciones de este valle orientado de este a oeste, hoy extremadamente tranquilo, aunque según algunos expertos hace mil años fue un importante corredor entre el Sobrarbe, la Ribagorza y el reino de Pamplona.

A partir de la confluencia con el río Gállego, tomamos un camino que se dirige al molino de Yeste, para después avanzar junto a la vía del tren –el de Canfranc–, a orillas del embalse de La Peña. Evitando el asfalto de la N-240 en la medida de lo posible, seguimos ascendiendo por el valle del río Asabón hacia Salinas de Jaca, alternando caminos, pistas y breves tramos de sendero. Villalangua es buen lugar para retomar fuerzas antes de iniciar la larga subida a la Sierra de Santo Domingo, cuyas afiladas crestas nos separan de Agüero.

La panorámica ascensión al Portillo de La Osqueta comienza seseante por el interior de un sombrío pinar, para después abrirse y mostrarnos la espectacular Foz de Salinas. Superado el collado, el terreno cambia de color. Un camino rojo nos guía entre los crestones de roca caliza que coronan la sierra. Ya sólo queda dejarse llevar por la fuerza de la gravedad entre bosques y desgastados colmillos de conglomerado. El círculo se cierra en Agüero, que nos recibe tranquilo bajo la protección de su señorial mallo.

  1. […] aventuras. Nada más recibirlas, las montamos en nuestra Surly Ogre y las estrenamos en el exigente Camino Natural de la Hoya de Huesca, donde las sometimos a un intenso test por toda clase de terrenos. He aquí nuestras […]

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