Pedales de Cantabria

MOUNTAIN BIKE I 230 km I 5.400 m+

Pedales de Cantabria

EN BUSCA DE LOS ORÍGENES

SENDAS SOBRE ACANTILADOS HERBOSOS QUE UNEN PLAYAS DE ENSUEÑO, BOSQUES IMPENETRABLES QUE CRECEN ENTRE LABERINTOS DE KARST, VIEJOS CAMINOS QUE TREPAN HASTA ALDEAS PERDIDAS EN LOS ALBORES DE LOS TIEMPOS... VIAJAMOS HASTA SANTOÑA PARA DISFRUTAR DE CUATRO DÍAS DE CICLOTURISMO DE MONTAÑA CON PEDALES DE CANTABRIA, UNA RUTA DE 230 KM Y 5.400 M+ QUE INVITA A EXPLORAR UN TERRITORIO SORPRENDENTE, A CABALLO ENTRE EL MAR Y LA MONTAÑA, Y QUE TODAVÍA CONSERVA INTACTA SU AUTENTICIDAD.

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker

Viajar en bicicleta es mucho más que pedalear de un lugar a otro. Es otear paisajes distintos, escuchar acentos distintos, paladear sabores distintos, aprender vocablos distintos... Porque viajar es, en definitiva, regresar a casa con la sensación de ser un poco distinto. Con esa intención nos presentamos en el Km 0 de Pedales de Cantabria. Nuestro objetivo era viajar, curiosear, descubrir, fundirnos con el paisaje, ajustar nuestro tempo interior con el son natural de las cosas... Y la verdad es que fue fácil. Porque en este territorio uno tiene la sensación de volver a los orígenes, viajando al pasado y al futuro al mismo tiempo.

VIAJAMOS SIN PRISAS, DISFRUTANDO DE LOS PAISAJES Y HABLANDO CON LOS SIMPÁTICOS PAISANOS... CON EL MAR COMO ESCENARIO, LA RUTA NOS OBSEQUIA CON SENDAS ENTRE BOSQUES, PLAYAS, DUNAS Y MARISMAS.

RECORRIDO

240 km

Itinerario circular a dividir en 3, 4, 5 o incluso 6 etapas. Inicio y final en Santoña. Pasa por Liendo, Guriezo, Castro Urdiales, Rasines, Solares, Pedreña, Somo, Isla y Noja.

DESNIVEL

5.400 m+

Ascensiones exigentes, pero muy bien compensadas entre etapas. La primera jornada ya apunta maneras. La segunda y tercera son las más duras. La cuarta, la más fácil.

DIFICULTAD

4/5

La mayor dificultad reside en algunos tramos de ascensión por pistas con fuertes pendientes, breves pero muy intensos, especialmente el primer y tercer día. Técnicamente asequible.

ATRACTIVOS

☆ ☆ ☆

La combinación de paisajes de mar y montaña, el ambiente rural y tranquilo por el que transcurre la ruta, los macizos calcáreos, los bosques, los prados, la gastronomía local...

UN NUEVO MUNDO
Día 1: Santoña – Castro Urdiales
48 km / 1.350 m+ / 1.350 m-

Amanece sobre la playa de Berria. Para los locales, es sólo un maravilloso amanecer más, pero un servidor no tiene la suerte de ver cada mañana al astro rey flotando sobre el Cantábrico desde la mismísima cama –tomad nota, habitación 230 del hotel Juan de la Cosa– y, acto seguido, bajar a desayunar en un bufé de campeonato.

Media digestión después, la marea sigue baja y una sutil brisa peina el oleaje. Es hora de partir hacia nuevos parajes, pero somos incapaces de evitar la tentación de rodar orillados al Cantábrico, pedaleando sobre la finísima arena de Berria.

El track del GPS nos conduce hasta el puerto de Santoña. Amarrada a un muelle de madera, nos aguarda una barquita para cruzar el estrecho brazo de mar que nos separa de la vecina playa de Laredo.

La primera ascensión del día –habrá tres– nos lleva a lo alto de la Sierra La Vida, donde una serpenteante y panorámica senda perfila los imponentes acantilados del Aguamala. Tras una empinada bajada, llegamos a una antigua yesera donde el oleaje, al batir contra las rocas, roba bocados de montaña y tiñe las aguas con una nube blanca.

RAMPAS CON NOMBRE Y APELLIDOS

La ruta se dirige ahora hacia el interior. A punto de iniciar la segunda ascensión de la jornada, nos cruzamos con Don Álvaro y sus queridas vacas limusinas, que "dan una carne que parece membrillo". A sus 83 años, tiene historias para llenar una enciclopedia, así que nos llevamos unas cuantas anécdotas protagonizadas por un toro suizo que salta tapias para cortejar a sus novillas, de partos dobles "complicados" –os ahorraremos los detalles– y una detallada descripción de la subida que nos espera.

Efectivamente, la rampa es dura, pero antes de contar hasta cien –es lo que tienen las cuestas del 23%– estamos en la cumbre del Alto de Guriezo, a 553 metros sobre el nivel del mar, desde donde iniciamos un largo descenso hacia el fondo del valle del río Agüera. Antes de engranar el plato chico de nuevo con tal de afrontar la tercera ascensión del día, rodeamos la iglesia de San Vicente de la Maza a través de un encinar centenario. El desnivel es ahora más llevadero, aunque también nos regala algunas rampas exigentes y una divertida bajada a través de un frondoso y húmedo bosque de eucaliptos.

La etapa acaba en el emblemático y animado casco viejo de Castro Urdiales. Para la cena, en la hostería donde nos alojamos nos recomiendan La Cierbanata, una taberna muy auténtica que abrió en 1923. No os perdáis sus patatas fritas con tres salsas, ni sus croquetas de jamón o chipirón. ¿Quién dijo que los ciclistas sólo comen pasta?

DEL MAR A LA MONTAÑA
Día 2: Castro Urdiales – Rasines
70 km / 1.850 m+ / 1.760 m-

Hoy es la etapa reina de Pedales de Cantabria, pero lo mejor de todo es que todavía no lo sabemos. Hoy será un viaje dentro del viaje.

Antes de arrancar, nos acercamos hasta el conjunto monumental de Puebla Vieja, situado sobre el peñón del puerto. Allí conocemos a Jeff, un peregrino australiano jubilado que alucina –y con razón– con la iglesia de Santa María de Asunción –construida entre los siglos XIII y XV–, el puente romano, el castillo y la ermita de Santa Ana.

Abandonamos Castro Urdiales primero por un bici-carril y después por una vía verde que nos alejan muy pronto de la civilización, adentrándonos en las montañas. A partir del antiguo descargadero, hoy medio engullido por la vegetación, la pista zigzaguea por un bucólico bosque y nos eleva hasta Alén, donde conocemos a Teresa, la única habitante del pueblo, que camina por la única calle, escoltada por una fiel y mansa perra de pelo negro. Cuando descubre que vamos hacia el Ventoso, Teresa se olvida de la vieja mina, del tren y del hierro. Nos señala la fuente y nos advierte de las subidas.

Un par de rampas más allá entramos en el reino de las rocas. Un último esfuerzo y coronamos el Ventoso, a 727 metros sobre el mar, donde las vacas campan a sus anchas. Desde lo alto, Castro Urdiales parece tan cerca…

LA SENDA DEL AGUA

Un empinado descenso por pista nos sitúa de nuevo a los pies de las montañas, en el Valle de Guriezo, a orillas del río Agüera. En Casa Juancho, que es punto de sellado, aprovechamos para comernos unos tremendos bocadillos de tortilla con chorizo. Aquí se une a la fiesta Alberto Larrondo, alma mater y responsable de Pedales de Cantabria, que nos acompañará hasta el final de etapa.

La segunda ascensión del día nos lleva por una panorámica pista hasta el embalse del Juncal. Aquí empieza un tramo muy aventurero: el track se cuela en el viejo canal, por el que rodamos durante nada menos que 3 km, pasando varios túneles –ojo con las cabezas–, para seguir después otros 4 km por una bucólica y divertida senda que nos sitúa a los pies del Alto Lodos, uno de los puntos emblemáticos de la ruta.

Tras superar una dura rampa final por un prado herboso –sí, se sube–, descansamos junto a un enorme menhir que pugna por mantenerse viril. Allí, ante el inmenso panorama de las montañas cántabras, saboreamos unos ricos sobaos antes de descender hacia Rasines.

EL REINO DE LAS ROCAS
Día 3: Rasines – Solares
49 km / 1.400 m+ / 1.440 m-

Nada más salir de Rasines, cruzamos el río Asón e iniciamos una agradable ascensión entre selvas de eucaliptos jóvenes. Los prados aparecen un poco más arriba y desde la ermita de San Bernabé avistamos las cumbres desnudas y grisáceas, refulgentes bajo el sol, de La Comba, Peña Partida y Montes del Infierno. Interesante toponimia…

La entrada en los dominios calizos de la Sierra de Sel resulta inmisericorde y nos toca echar pies a tierra y empujar la bicicleta unos metros. El paisaje hace que el esfuerzo merezca la pena. Enseguida pedaleamos por un laberíntico roquedal de inmensos monolitos cortados por la acción del agua, enlazando continuos toboganes por una inmensa balconada kárstica con vistas al mar. Justo después de otra inclemente cuesta, paramos a comernos el picnic y descansar un rato en este lugar tan solitario.

La etapa continúa más llevadera, combinando pequeñas subidas y bajadas por una zona muy rural y montañosa de espléndidas panorámicas. El ambiente es tan plácido que la entrada en Solares nos sobresalta ligeramente, pero recuperamos la paz muy pronto en el comedor de Casa Enrique –aquí paran a comer los mejores gastrónomos y sumillers–, donde nos sirven una cena deliciosa a base de pisto a la vizcaína, bocartes, zancarrón de ternera y, de postre, su famoso Tupinamba. Ni se os ocurra pedirle pasta a Don Enrique.

ACANTILADOS SOBRE EL MAR
Día 4: Solares – Santoña
65 km / 770 m+ / 820 m-

El día empieza suave. Sin apenas esfuerzo, rodando por pistas y caminos, llegamos a la bahía de Santander, donde vemos a los mariscadores trabajando, con el skyline de la ciudad en el horizonte. Cruzamos la ría de Cubas y alcanzamos las Dunas de Loredo. Frente a la isla de Santa Marina, el track se cuela por una extasiante senda que nos lleva durante más de 4 km a lomos del acantilado, sobre prados verdes y pozas de agua transparente, hasta la espectacular playa de Langre.

Siempre con el mar por escenario, a partir de aquí la ruta nos obsequia con inolvidables sectores de divertidas sendas que sortean bosques de eucaliptos, dunas, playas y marismas. Se trata de parajes sorprendentes, como la ría de Ajo o la costa del Cabo de Quejo, donde encontramos breves pero divertidos descensos por sendas que desembocan en Isla.

Después de comer entramos en la Reserva Natural de las Marismas de Santoña y Noja, donde pedaleamos sobre el puente de roca del molino de mareas de Santa Olaja, un ejemplo de tecnología ecofriendly del siglo XIV.

Poco a poco, el círculo se cierra y el perfil de las montañas vuelve a resultarnos familiar. En la playa de Berria nos aguarda Alberto, con nuestros maillots de finishers y unas botellas de sidra para celebrarlo.

GUÍA PRÁCTICA

RECORRIDO 230 km / 5.400 m+.

→ ITINERARIO CIRCULAR Empieza y acaba en la playa de Berria, en Santoña, pasando por Liendo, Guriezo, Castro Uriduales, Rasines, Solares, Pedreña, Somo, Isla y Noja.

→ DURACIÓN Se puede dividir en 3, 4, 5 o incluso 6 etapas.

COTA MÁS ALTA 727 m (cima del Ventoso).

→ TEMPORADA Se puede hacer todo el año, aunque primavera, verano y otoño son las estaciones ideales.

→ ORIENTACIÓN La ruta no está señalizada sobre el terreno. Pedales de Cantabria facilita el track para GPS a todos los inscritos.

INFORMACIÓN Y RESERVAS Pedales de Cantabria. Tel. (+34) 661 502 237 I www.pedalesdecantabria.com

→ Pedalear a orillas del Cantábrico, sobre espectaculares acantilados, entre bosques, rías, playas y montañas de karst.

→ Los entretenidos y prolongados senderos que hay en todas las etapas.

→ La variedad de paisajes y la amplitud de los horizontes.

Asomarse a la historia reciente del territorio y descubrir vestigios de antiguas minas, ferrocarriles, aldeas perdidas...

→ La inolvidable gastronomía local.

→ Pedales de Cantabria es una ruta exigente en el aspecto físico, con algunos tramos técnicos de sendas, ciclable en un 99% del recorrido.

→ Aunque todos los días hay secciones de senderos –y algunas de varios kilómetros–, en la ruta predominan los caminos y pistas, algunas de ellas con pendientes acusadas, con tramos más allá del 20%. En 2016 se han hecho algunos cambios en el recorrido, reduciendo el porcentaje de asfalto respecto a la ruta del año anterior, creando una etapa –la tercera, en nuestro caso– completamente nueva.

→ Siempre se habla de la lluvia de la costa del Cantábrico, pero la verdad es que nosotros disfrutamos de cinco días de sol radiante consecutivos. Según parece, llueve menos de lo que dicta el tópico.

→ Para esta ruta, la bicicleta perfecta sería una mountain bike rígida o de rally, con buenos frenos –y bien ajustados– para disfrutar de las largas y empinadas bajadas de algunos puertos.

→ El servicio de transporte de maletas entre alojamientos que ofrece la organización es totalmente recomendable para pedalear libres de peso y disfrutar plenamente de las etapas.

→ Pedales de Cantabria nació en 2015 dentro de la red de rutas Pedales del Mundo, iniciada en 2005 con la legendaria Pedals de Foc.

→ Todos los inscritos disponen de un libro de ruta que deben sellar en diversos puntos de control. Suelen ser bares, restaurantes y hoteles en los que podemos parar a recuperar fuerzas.

→ Los bikers que completan la ruta reciben el maillot exclusivo de finisher de Pedales de Cantabria, además del pack de bienvenida inicial con productos de la región (unos buenos sobaos y una botella de rica sidra).

ENCANTARÁ... A bikers a los que les gusta viajar por toda clase de caminos, que no se amedrentan ante las subidas, con curiosidad por descubrir zonas poco pobladas y ganas de disfrutar de paisajes rebosantes de naturaleza, pero también de la cultura y el rico patrimonio de la comarca.

CONTRAINDICADA PARA... Incondicionales de los singletrack y alérgicos a las pistas forestales con fuertes desniveles.

→ Como en todas las rutas de Pedales del Mundo, los alojamientos han sido seleccionados por su calidad y servicios. Todos ellos son bikefriendly y los menús se adaptan a las necesidades de los ciclistas.

→ Para una cena informal en Castro Urdiales, os recomendamos La Cierbanata, una taberna muy auténtica que abrió en 1923. No os perdáis sus patatas fritas con tres salsas, ni sus croquetas de jamón o chipirón.

En la segunda etapa, a mediodía, parad en Casa Juancho, que es punto de sellado de la ruta. Nosotros comimos unos suculentos bocadillos de tortilla con chorizo. El sitio es perfecto (hay terraza), porque se llega a eso de las 13 h y se encuentra entre el descenso del Ventoso y la ascensión al embalse del Juncal.

En el comedor del hotel Casa Enrique (en Rasines, final de la tercera etapa) paran a comer los mejores gastrónomos y sumillers. Nos sirvieron una cena deliciosa a base de pisto a la vizcaína, bocartes, zancarrón de ternera y, de postre, su famoso Tupinamba. Ni se os ocurra pedirle pasta a Don Enrique.

→ La playa de Berria, punto de origen y final de la travesía, se encuentra en el municipio de Santoña, entre Santander (a 43 km) y Bilbao (a 70 km).

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