Ruta Terrer Priorat

GRAVEL I 130 KM I 2.500 M+

Ruta Terrer Priorat

EL ESPÍRITU DEL VINO

VIAJAMOS ENTRE VIÑAS EN BUSCA DE LA ESENCIA DE UNA TIERRA AGRESTE Y MONTAÑOSA. SIN PRISAS, PERO DÁNDOLO TODO, ENTRE PEDALEO Y PALADEO, EMPAPÁNDONOS DE COLORES, AROMAS Y SABORES, HASTA COMPRENDER QUE EN EL PRIORAT EL VINO ES ALGO MÁS QUE UN TRAGO PARA ACOMPAÑAR LAS COMIDAS. ES EL VÍNCULO TELÚRICO, FÍSICO Y ESPIRITUAL, CON LA MADRE TIERRA.

Texto: Sergio Fernández Tolosa / Fotos: Anna Magérusz & Sergio Fernández Tolosa

¿Qué sucede si reúnes en un pueblecito del Priorat a un cicloviajero recién llegado de Sri Lanka, a una bióloga experta en prevención de aludes con mono de nieve, a un bilbaíno capaz de sobrevivir durante años en Abu Dabi, a un guía que dice que no es “el guía”, al padre de la primera guía de la travesía de los Pirineos en BTT, a un inglés de Oxford que se arruga ante la mínima amenaza de lluvia, a un enamorado de su tierra recién operado del menisco...?

La lista de invitados parece el casting de un reality televisivo, aunque afortunadamente no hay cámaras por ninguna parte. En realidad, estamos aquí para catar una nueva ruta de cicloenoturismo que da la vuelta completa a una de las comarcas vitivinícolas más agrestes del mundo y que en este momento todavía no ha sido bautizada. "Será algo con Terrer y con Priorat, pero aún no sabemos si le pondremos lo de 'gravel' o lo dejaremos abierto...".

SERÁ ALGO CON 'TERRER' Y CON 'PRIORAT', PERO AÚN NO SABEMOS SI LE PONDREMOS LO DE 'GRAVEL' O LO DEJAREMOS ABIERTO...

VIVIR ENTRE VIÑAS

El maestro de ceremonias –o director del experimento– es Blai Rosés, un hombre de hombros anchos y nariz afilada, usufructuario de una pituitaria galáctica. Son las 8 de la mañana de un sábado de noviembre. Ha llovido toda la noche. Hace un frío inusual y Blai habla apasionadamente de la tierra, del territorio, del Festival Terrer, de terroir, de cosechas, de barricas, de garnachas y cariñenas, de llicorella, de injertos, de millones de litros, de millones de botellas, de la filoxera, de monjes, de vides, de vidas enteras dedicadas a la viña…

Nosotros, en silencio, masticamos sonoramente los crujientes carquinyolis hasta que el viento invita a alzar el vuelo, es decir, el pedaleo.

Cuando por fin arrancamos, el Priorat muestra toda su garra desde el kilómetro cero. Caminos que reptan entre viñas montaraces, colina arriba, colina abajo. El día está en blanco y negro. Es otoño. Sólo las hojas de las vides colorean el paisaje. Rojas, como el abrigo de la niña de la película de Spielberg.

De Porrera saltamos a Falset, donde hacemos una primera parada en el Celler Cooperatiu, un edificio modernista de 1919. Blai habla de patrimonio, de vinos, de historia. Un profundo aroma a bagazo flota en el ambiente.

SIERRAS FANTASMA

Alternando caminos, pistas y carreterillas, y esquivando charcos, cosemos el mapa pasando por Marçà y Capçanes. Tras un avituallamiento de lo más sibarita en mitad del campo –pan artesano, embutidos, quesos, aceite de la tierra y otras tentaciones del país–, tratamos de retomar el ritmo, ganando altura hacia El Molar y el Coll de Grau por el Camí dels Tortells, ya encaramados a la Serra de Llangossets. De ahí a La Figuera es sólo dejarse llevar y, poco más allá, nos plantamos en la panorámica cumbre de la Mola de Sant Pau.

El cielo denso se abate sobre el paisaje. Entre la nubes bajas, flotan sierras imaginarias. Enric, que reside en la zona, insiste: "En días claros, desde aquí se ve el Ebro...".

Después de un segundo picnic –con copas de cristal, por supuesto–, apretamos los puños colina abajo, huyendo del frío vendaval, rumbo a Vilella Baixa. Ya a los pies del Montsant, cruzamos el Pont Gran, de origen románico, e iniciamos la última subida del día. Por fin, un rayo de luz irradia el paisaje, proyectando las sombras alargadas de los cipreses.

El caliu del Hotel Cal Llop de Gratallops nos da la bienvenida. La cena en El Petit Llop, con cata de vinos asistida por el maestro Blai, cierra una jornada que deja un grandísimo sabor de boca, dando paso a una sobremesa en la que llueven las anécdotas, los brindis, las referencias a otras rutas, los planes de presente y de futuro, la eterna disquisición sobre lo que es gravel y lo que no... Está claro, la bici y el vino –con cabeza– unen.

¿Y mañana? "Mañana, sol y buen tiempo".

DOMINGOS AL SOL

Tal y como estaba previsto, amanece despejado. Las murallas de la Sierra del Montsant reflejan la luz del primer sol, que me manda un saludo a través de la ventana. Parece mentira, pero hoy pedalearemos en manga corta.

Rumbo a la ermita de la Consolació y la cartuja de Escaladei, paramos junto a viñas veneradas de "valor incalculable". Ahora admiramos el paisaje. Ahora nos retorcemos sobre la bici, cuesta arriba, a los pies de riscos altivos recortados contra el cielo azul. Ahora bajamos por senderos que reclaman los siete sentidos –sí, siete–.

En cada pueblo nos espera Blai con nuevas explicaciones y/o algo para rematar el gusanillo. Hoy le acompaña Anna Magérusz, fotógrafa, que nos retrata en acción, tanto sobre las bicis como con la nariz hundida en la copa. Los viñedos, omnipresentes, trepan dando lazadas por las inclinadas laderas.

Pasado el pueblo de La Morera de Montsant, nos desviamos del camino principal para visitar el Mas de Sant Blai. Abandonado y en estado de ruina, es una especie de oasis a la sombra de olmos y tejos. En este bosque se fundó en el siglo XIII el monasterio cisterciense femenino de Santa Maria de Bonrepòs, del que no ha sobrevivido apenas nada. Los expertos más observadores aseguran que, entre las piedras de la moderna fachada, se identifican piezas del antiguo claustro, como capiteles, fustes... La capilla del convento, según parece, fue convertida en bodega.

VITICULTURA REGENERATIVA

La siguiente parada es en el Mas de l'Abella. El track toma un desvío por un camino menos pisado que desemboca en la pequeña bodega del Celler Noguerals, donde nos espera Ramon Alzamora para enseñarnos un auténtico tesoro. Ramon encarna al arquetipo de viticultor del Priorat: pocas viñas, pocas botellas y mucho, mucho amor por la tierra. Amor desde abajo, desde las raíces.

Hace muchos años que apostaron por la agricultura regenerativa, la que “devuelve la vida a la tierra”. Nada de arar. Nada de herbicidas. Todo natural.

Las cepas de la familia de Ramon están en la parte alta del Priorat. Aquí llueve poco. Una cepa da apenas un kilo de uva limpia por año. Eso equivale a un botella de 750 ml por vid. Sólo así se consigue una planta equilibrada, que toma lo que necesita en cada momento. "Y ese fruto es el que nos interesa. El que está lleno de matices, que de un año a otro produce pequeños cambios".

Lo mismo ocurre con las rutas en bicicleta. Los pequeños cambios se perciben de un día para otro. Incluso cada hora. La luz. La temperatura. Los colores. Los olores. Cada momento es distinto.

PRIORAT, EN CUERPO Y ALMA

La travesía continúa con su tónica vigorosa. Un sendero, un camino, una pista y la posibilidad de elegir entre ascender al Coll de la Creu y llegar a Arbolí por pista asfaltada o por camino de tierra. Cada cual decide vial y ritmo. "¡Nos vemos en el restaurante!".

Después de comer –¿otra vez?, pues sí–, es un poco tarde, así que decidimos ahorrarnos el último bucle, que sube desde el Coll d'Alforja a la ermita de la Mare de Déu de Puigcerver. A Miquel Artés, que ha diseñado el recorrido, le duele que nos saltemos "este sector tan hermoso a esta hora mágica", pero la puesta de sol nos caza a mitad del descenso final a Porrera.

"No importa, Miquel. Volveremos".