Gravel por Les Guilleries desde Taradell

GRAVEL I 71 km I 1.475 m+

Les Guilleries desde Taradell

BAILES DE SABLÓN

VIAJAMOS HASTA TARADELL PARA DAR UNA CHARLA SOBRE VIAJES EN BICICLETA DE KILÓMETRO CERO Y APROVECHAMOS PARA EXPLORAR LES GUILLERIES CON LOS SHERPAS DE LA UNIÓ CICLISTA TARADELL, QUE NOS AGASAJARON CON UNA INOLVIDABLE MATINAL DE 'AGRO-GRAVEL'.

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa

Domingo. 7 de la mañana. Una veintena larga de ciclistas se dan cita puntualmente en La Plaça, el punto de encuentro habitual de los socios de la Unió Ciclista Taradell. Hay hombres, mujeres, jóvenes y veteranos, todos dispuestos a disfrutar de la salida de club semanal. Se saludan, bromean, ríen. Nadie presta atención a la coqueta casita modernista de la esquina.

Con motivo del paso del Tour de Francia por el pueblo el próximo 6 de julio, ayer estuvimos dando una charla sobre cicloturismo de proximidad. Hoy, tres de ellos se han ofrecido a cambiar la bici de carretera por la de gravel con tal de guiarme a través de uno de sus espectaculares patios de recreo: Les Guilleries.

MIS GUÍAS, SIN EMBARGO, SE HAN PROPUESTO MOSTRARME EL MÁS EMOCIONANTE DE LOS CAMINOS. EL MÁS RECÓNDITO. EL MÁS AUTÉNTICO. EL QUE NADIE CONOCE.

  • RECORRIDO

    71 km

    Con inicio y final en Taradell, explora el accidentado macizo de Les Guilleries y los sombríos bosques de la falda septentrional del Montseny.

  • DESNIVEL

    1.475 m+

    Aunque hay algunas subidas largas –como la de Malafogassa hasta Vallclara, de 11 km–, el perfil es claramente rompepiernas.

  • DIFICULTAD

    4/5

    En el tercio final, la ruta se complica a nivel técnico. Quien lo prefiera, puede ir enlazando atractivas carreteras desde poco antes de Espinelves hasta Taradell.

  • ATRACTIVOS

    ☆ ☆ ☆

    Los riscos del Salt de la Minyona, el puente de Malafogassa, los chalés modernistas, las iglesias románicas, los bosques de abetos, pinos, robles...

REFUGIOS, REFUGIOS Y MÁS REFUGIOS

Nuestra ruta comienza a los pies de la Torre d’en Carles, una vieja atalaya de vigilancia que se erigió en el siglo XVI y se usó, básicamente, como prisión. Apenas un minuto después, ya rodamos por un serpenteante camino de sablón, esa gravilla fina y rosada fruto de la meteorización del granito. El sol de primera hora dora los trigales, una masía rompe el mar de espigas y la silueta del Puigmal se distingue sobre el horizonte.

De camino a Sant Julià de Vilatorta, en lo más hondo del sombrío robledal, aparecen los restos de un hangar, un polvorín, el refugio del Estado Mayor… Son las instalaciones abandonadas de un campo de aviación de la Guerra Civil.

Cuando llegamos al pueblo, aún bosteza. Al son de las campanas de las ocho, damos un breve detour por el centro mientras admiramos las ostentosas residencias de veraneo que la burguesía catalana construyó a principios del siglo XX huyendo del calor de la capital.

Una estrecha carreterilla, con plátanos en sendas cunetas, nos eleva hacia el Coll de Romegats, donde tomamos el camino de Sant Feliu de Planeses. Bajo los verticales riscos del Salt de la Minyona y el castillo de Meda, rodamos raudos de nuevo hacia el frescor de las profundidades del bosque. El descenso acaba en el puente de Malafogassa, una reliquia medieval que en su día formó parte del camino real que unía Vic y Girona, pero que hace ya mucho tiempo quedó apartado de las rutas modernas, convirtiéndose en un refugio sombrío y tranquilo en el corazón del Espacio Natural de Les Guilleries-Savassona.

ACERCARSE A LA VIDA

Nada más cruzar la Riera Major, empieza la subida más larga de la excursión. Poco a poco, sobre el crujiente sablón, ganamos altura hasta vislumbrar los Cingles de Tavertet. Bajo los inconfundibles acantilados, acolchadas por bosques impenetrables, lucen oscuras las aguas del río Ter, en calma aparente, aprisionadas en el embalse de Sau.

Tras una breve pausa en la ermita de Sant Andreu de Bancells, continuamos subiendo hasta Vallclara, pensativos, acerca de la paradójica frase que acabamos de leer en uno de sus muros: “cada dia que passa t’atansa més a la vida”.

Al coronar, el paisaje empieza a acelerarse. Ahora se abre y nos muestra la cara norte del Montseny. Ahora se cierra y fluimos entre enormes pinos y abetos, enlazando caminos, pistas y carreteras locales, hasta aterrizar en Espinelves.

SALTEADORES DE CAMINOS

A partir de aquí, obediente a la profecía del muro de la iglesia, la ruta se suelta la melena. El primer aviso llega justo antes de Viladrau, con un camino que trepa con fiereza, demandando equilibrio y piernas. "Más de uno pensará que esto no es gravel", advierto. La alternativa es fácil: una atractiva y curvilínea carretera avanza en paralelo hasta el pueblo.

La tentación de parar en Viladrau adopta mil y una formas: animadas terrazas, restaurantes, tiendas gourmet… Mis guías, sin embargo, se han propuesto mostrarme el más emocionante de los caminos. El más recóndito. El más auténtico. El que nadie conoce.

Con este empeño, abordamos sin dilación una serie de sendas que penetran el bosque. Entre fuentes y antiguos molinos, llegamos a La Sala, una masía aislada en la que hace cuatro siglos nació Joan Sala i Ferrer, alias Serrallonga, el más célebre bandolero de la región.

Una vez en lo alto de la Collada del Vilar, ya sólo resta bajar hasta Taradell. “Aquí se puede ir por la carretera, que baja suave y tranquila hasta el pueblo, o por el camino del pantano, que es más movidito”. Mis cicerones, como buenos salteadores de caminos, no me dejan elegir.

De nuevo en Taradell, antes de calmar la sed en Can Costa –el bar donde acaban todas las rutas del club–, volvemos a pasar por La Plaça. Me detengo un instante frente a la casita modernista de esta mañana. Se llama Can Pallàs y se construyó entre 1909 y 1914. Cuentan que los vecinos se burlaban de la lentitud de las obras. Quizá por eso, al terminarlas, el promotor mandó tallar sobre el balcón una sapiente inscripción: “L’home resolt fa ‘l que vol”.

MAPA & TRACK GPS

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GUÍA PRÁCTICA

DURACIÓN Por kilometraje, desnivel y atractivos, es perfecta como ruta de día entero.

ÉPOCA IDEAL Se puede hacer todo el año, pero la primavera y el otoño son las estaciones más agradecidas.

→ TERRENO Predominan los caminos y pistas de sablón, aunque también hay tramos pavimentados y algún que otro kilómetro de carretera local. Los senderos complicados se encuentran a partir de Viladrau.

BICI IDEAL La ruta está pensada para bicis de gravel, pero también se disfrutará con una mountain bike, sobre todo en la parte final.

AGUA Además de algunas fuentes que manan directamente del monte, encontramos agua de red en todos los pueblos.

AVITUALLAMIENTO Para desayunar, hay bares y restaurantes en Taradell (km 0), Sant Julià de Vilatorta (km 10) y el camping El Pont de Malafogassa (km 25). Para almorzar o comer, en Espinelves (km 47), Viladrau (km 54) o Taradell (km 71).

ATAJO CARRETERO Quien prefiera evitar las dificultades de la última parte de la ruta, en el km 43'6 puede seguir por la carretera en dirección a Sant Sadurní d'Osormort, Masvidal y Taradell. El kilometraje final será similar, pero mucho más rodador.

CÓMO LLEGAR La ruta comienza y acaba en el centro de Taradell (Osona), concretamente en La Plaça, donde empiezan y terminan todas las salidas de la Unió Ciclista Taradell.

ENCANTARÁ… A ciclo-excursionistas interesados en descubrir parajes con mucha(s) historia(s).

CONTRAINDICADA PARA… Puristas del gravel no familiarizados con los caminos entretenidos.

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