Pedales de León

MOUNTAIN BIKE I 220 km I 6.650 m+

Pedales de León - Picos de Europa

REINOS DE ROCA

PEDALEAR A TRAVÉS DE FRONDOSOS ROBLEDALES CENTENARIOS, SALTAR DE UN VALLE A OTRO POR COLLADOS SOLITARIOS, OTEAR MARES DE NUBES QUE CONVIERTEN LOS PICOS DE EUROPA EN ISLAS DE ROCA FLOTANTES... PEDALES DE LEÓN NOS HA CAUTIVADO NO SÓLO POR LA BELLEZA DE SUS PAISAJES, TAMBIÉN POR TODOS AQUELLOS SERES HUIDIZOS QUE VIVEN EN LA MONTAÑA LEONESA: OSOS, VENADOS, CORZOS...

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker

Tras once horas de viaje en autobús entre Barcelona y León –ahora, previa reserva y pago de un suplemento, ALSA permite llevar las bicis convenientemente embaladas en las bodegas del autocar–, nos aguarda otra hora y pico de tren de vía estrecha hasta Cistierna. Contado así suena peor que una cadena perpetua en galeras. Sin embargo, una vez allí, vestidos de ciclistas, con el rutómetro en el manillar de la bici y a punto de empezar una nueva aventura, todo el via crucis cobra sentido.

Pedales de León nos aguarda en la remota y desconocida Montaña Oriental Leonesa, un paraíso natural en el que todo biker debería pedalear al menos una vez en la vida. Pasaremos los próximos días incrustados en un vasto territorio virgen, prácticamente deshabitado, pedaleando sin descanso por caminos y sendas del Parque Nacional y el Parque Regional de los Picos de Europa.

POCO DESPUÉS, TRAS UN RESPIRO, LOS BRONQUIOS VUELVEN A FUNCIONAR. ESTÁ CLARO: NECESITABAN URGENTEMENTE UN TRATAMIENTO DESHOLLINADOR.
LA VIDA NO ES VIDA EN LA GRAN CIUDAD.

RECORRIDO

220 km

Itinerario circular con inicio y final en Cistierna. Visita los valles de Sajambre y Valdeón, en pleno corazón de los Picos de Europa, para regresar por Tierra de la Reina, el valle de Prioro y el macizo de Peñacorada.

DESNIVEL

6.650 m+

Altimetría contundente, pero muy bien repartida. Es una de las rutas con mayor desnivel acumulado de la familia Pedales del Mundo. Si se divide en 4 etapas, hay que superar 1.500 metros positivos diarios.

DIFICULTAD

4/5

Exigente a nivel físico. Predominan los caminos y pistas, aunque también hay zonas de sendas y algunas trialeras con pasos técnicos. Especial atención a algunas bajadas de pista, sobre todo el primer día.

ATRACTIVOS

☆ ☆ ☆

Ver los macizos Central y Oriental de los Picos de Europa emergiendo sobre un mar de nubes, pedalear por frondosos hayedos, viajar por un territorio virgen y solitario habitado por el oso, el lobo, el urogallo...

POR LA PUERTA GRANDE
Día 1: Cistierna - Crémenes
33 km / 1.068 m+

La primera etapa ha de ser una breve introducción, una especie de cata de lo que nos espera los próximos días. Eduardo Rodríguez, uno de los creadores y responsables de Pedales de León, nos acompaña a lomos de su bici hasta la salida de Cistierna. "Lo hago con todos", asegura.

Nos despedimos al inicio de una pista que abandona el curso del río Esla y sube suavemente junto al arroyo del Mercadillo. El camino emana vida por doquier. Mariposas, abejas, lagartijas… Incluso una escurridiza marta cruza el camino con un maltrecho ratoncillo entre las fauces.

Todavía sorprendidos por la marabunta faunística, alcanzamos Yugueros, donde topamos con las primeras rampas de verdad. De repente comprendemos a los bloggers que han rebautizado Pedales de León como "Molinillos de León".

El camino se empina entre robles jóvenes, trepando directo, sin dar ni un solo rodeo, al primer "colladito" del día. El calor no ayuda precisamente –37ºC al sol según el termómetro del cuentakilómetros– y la plaga momentánea y oportunísima de moscas –500 por cabeza, sin exagerar– casi nos provocan el primer KO técnico del día.

Tras casi echar el hígado sobre el ring en el primer asalto, recogemos al vuelo la toalla por pura dignidad y reemprendemos la marcha como podemos, apurando el grip de un terreno inestable, con los pulmones medio abrasados por el repentino esfuerzo. Poco después, tras un respiro, los bronquios vuelven a funcionar. Está claro: necesitaban urgentemente un tratamiento deshollinador. La vida no es vida en la gran ciudad.

SENDAS CASI PERDIDAS

A nuestra derecha, ya muy abajo, redescubrimos Cistierna rodeada de montes verdes rematados por picos grisáceos. Al coronar, el perfil se invierte estableciendo un punto de inflexión en nuestro cardiograma. Los robles también quedan atrás e iniciamos un teóricamente rápido descenso que resulta ser de los que requieren confianza en los neumáticos y tacto con los frenos.

Entre crestas de roca gris, soltamos amarras echando el cuerpo hacia atrás y bajamos en dirección a Olleros de Sabero. Sin entrar en el antiguo núcleo minero, tomamos un primer tramo de senda medio invadido por la maleza. Un escobazo, dos escobazos… Nos han dicho que somos los primeros en hacer la ruta en la temporada 2011. Al parecer, nos va a tocar abrir huella. La exuberante vegetación, tras el invierno y la primavera, ha reconquistado su territorio natural.

Pedaleamos entre arbustos húmedos y floridos. El polen nos tiñe de amarillo los brazos, la cara… Enseguida comprendemos que muchas de estas sendas, de no ser por la ruta, tendrían los días contados.

Poco después estamos en el primer control, sellando el pasaporte y refrescando el gaznate con un refresco que nos sirven junto con un sabroso "pinchito" de tortilla. Toda ayuda es bienvenida para encarar la Collada de Cariellos, la segunda tachuela del día, que se adivina breve pero intensa. Nos llevará hasta Valdoré por un espectacular paisaje de apariencia alpina, a apenas mil metros sobre el nivel del mar.

LEER EL CIELO, Y LA TIERRA

El tercer y último escollo de la jornada comienza en las pintorescas calles de La Velilla de Valdoré, un hermoso pueblo rodeado de gigantes de roca y surcado por varios arroyos. Sobre puentes de piedra, canales y fuentes, arranca la cuesta que enseguida se pierde entre enormes monolitos. Más arriba, a los pies de la Sierra de Los Caleros, un velocísimo corzo huye hacia el bosque nada más intuir nuestra llegada.

Desde el prado de la Collada de Aviau, sólo resta bajar. Hay tiempo para disfrutar del panorama, pero no demasiado. Las nubes que asoman por poniente son cada vez más oscuras.

Minutos después, en Crémenes, conocemos a Estefanía, del centro de turismo rural El Sabinar. Tras la ducha, nos agasaja con una merienda a base de productos de la tierra: tapas de chorizo de venado y salchichón de jabalí, todo casero. Por la ventana, admiramos el Collado de Argovejo, una inmensa pared con forma de cuña por la que fluye una gran catarata.

Entre un bocado y otro, tomamos notas en nuestro diario. Las piernas opinan sobre la etapa: "Las rampas duras son muy duras". Las pupilas recuerdan la belleza de los paisajes, que han ganado en espectacularidad con cada subida. El aroma que sale de la cocina nos inspira un nuevo pensamiento: "En sitios así, ser vegetariano es pecado".

Mientras, en el bar, el diálogo versa sobre temas extraordinarios: resulta que los urogallos están en plena fase de apareamiento; el oso se comió anoche la miel de los panales de un vecino de una aldea cercana; la mosca de mayo ya está volando, y es la más indicada esta semana para pescar la trucha o el salmón; determinadas mariposas –se nos escapan los nombres– eclosionarán en pocos días… Salimos a pasear a la hora que las vacas regresan al establo. La tormenta ha pasado de largo, sin dejar agua. Sólo algún que otro rayo.

EN EL BAR NOS ENTERAMOS DE QUE LOS UROGALLOS ESTÁN EN PLENA FASE DE APAREAMIENTO; EL OSO SE COMIÓ LA MIEL DE LOS PANALES DE UN VECINO; LA MOSCA DE MAYO YA ESTÁ VOLANDO, ASÍ QUE ES LA MEJOR PARA PESCAR EL SALMÓN ESTOS DÍAS...

HAYEDOS EMBRUJADOS
Día 2: Crémenes - Soto de Sajambre
57 km / 1.763 m+

El amanecer trae el sol de nuevo sobre Crémenes. Las piernas todavía se acuerdan de las rampas de ayer, pero la etapa comienza más suave, con la sostenida ascensión hasta el Collado de las Camperas, que nos sitúa a 1.447 metros de altitud.

Desde lo alto encauzamos un descenso rápido por caminos que zigzaguean entre densos bosques. En plena curva, un corzo brinca ágil hacia la selva. "¿Quién sorprendió a quién?", nos preguntamos.

La segunda ascensión del día comienza en Reyero y es más contundente. Medio extasiados por el esfuerzo y la belleza del paisaje, ganamos altura sin descanso ni conciencia. Pedaleamos junto a un arroyo, a los pies de grandes peñas rocosas. Los bosques dan paso a las praderas y el rutómetro nos guía con precisión hacia la Collada de Reyero primero y a la de Linares después, alcanzando los 1.569 metros sobre el nivel del mar. Un pequeño rodeo, un paso más técnico entre unas rocas y aparece el ansiado descenso.

De Lois destaca su gran iglesia de mármol rosado conocida como "la Catedral de la Montaña", un edificio religioso un tanto desproporcionado en un pueblo tan pequeño que da muestras de un pasado más rico en que se construyeron numerosas casas señoriales e incluso funcionaba una cátedra de latín.

Rellenamos los bidones con el agua cristalina que abunda en todos los pueblos de la comarca y continuamos con nuestro viaje por la pista de Liegos, que sube facilona hasta un nuevo collado que casi resulta inadvertido. Al otro lado nos espera otra bajada por pista ancha, más montañas, más bellos panoramas, más vacas… y un copioso menú del día, en el restaurante La Bolera, en las antiguas escuelas del pueblo.

Aunque intentamos abreviar al máximo la sobremesa, la digestión nos retiene en Polvoredo. De la inevitable siesta sólo despertamos cuando ya avistamos el Collado de Jian. Cerca del paso abandonamos el curso del río Becenes y viramos hacia un pequeño refugio enfilando una senda que da la espalda a la impresionante Cordillera de Pármede. En mitad de un prado ciclable en el que uno tiene la impresión de haber pinchado ambas ruedas a la vez, nos cruzamos con otro corzo saltarín. Ya van tres en un rato.

PASAPALABRA

Un último escalón y pasamos a la vertiente norte, pero antes, desde la cumbre, encaramados a unas rocas, nos sentimos dioses: un inmenso mar de nubes alcanza hasta el horizonte, convirtiendo los Picos de Europa en un archipiélago de roca emergente. A partir de aquí, la senda se interna en el hayedo del Puerto de Zalambral, que dormita sumido en una densa niebla. Nos bajamos de la bici, como indica la normativa del parque nacional, y caminamos entre árboles de troncos retorcidos, helechos y profundos cortados.

Más abajo, la niebla nos empapa tanto como la lluvia y el limpio manto de hojas se convierte en un torrente pedregoso y resbaladizo. La fusión con el bosque es total. Como si de un sueño se tratara, las hayas nos abrazan con sus inmensas ramas, y los pies se hunden en el barro helado de una turbera siempre encharcada. La silueta del ciclista se pierde en este universo misterioso, casi irreal, del que podría surgir la figura de un gigantesco fauno en cualquier momento.

Tras un par de kilómetros de equilibrios y resbalones, el hayedo queda atrás y podemos volver a montar. La senda se escurre entre raíces y aristas de granito recubierto de verdín. De pronto, los reflejos me traicionan y la ley de la gravedad me expele hacia un inmenso cortado. Intento detenerme embistiendo una estaca de madera, pero el golpe resulta en balde porque la estaca, medio podrida, se parte sin ofrecer resistencia. Acto seguido, bici, estaca y yo nos despeñamos sin saber hacia dónde.

Un primer escalón, situado dos metros por debajo de la ruta normal, nos retiene una milésima de segundo, pero no lo suficiente. A partir de aquí, los hechos avanzan al vertiginoso ritmo del Pasapalabra: con la A, "¡Aaaaaaahhhh!"; con la B, "pasapalabra"; con la C, "Catapulta"; con la D, "¡Dios mío!"Tras una voltereta digna del Cirque du Soleil, aterrizo casi de pie cuatro metros por debajo de la senda de despegue. Entonces miro hacia arriba y veo mi bici describiendo una vasta parábola sobre mi cabeza, seguida de una serie de torpes tirabuzones para acabar despanzurrada en lo más hondo de la vaguada. "¡Estoy bien!", grito al instante. "No sé cómo lo he hecho, pero estoy bien", celebro.

El resto de la bajada nos la tomamos con calma. No hay que cogerle miedo a las raíces húmedas. Sólo a los neumáticos traseros demasiado gastados. Por suerte la etapa acaba en subida y por asfalto, instantes que aprovechamos para rememorar un día lleno de acción y paisajes inolvidables.

DESDE LA CUMBRE, ENCARAMADOS A UNAS ROCAS, NOS SENTIMOS DIOSES: UN INMENSO MAR DE NUBES ALCANZA HASTA EL HORIZONTE, CONVIRTIENDO LOS PICOS DE EUROPA EN UN ARCHIPIÉLAGO DE ROCA EMERGENTE.

MÁS ALLÁ DE LAS NUBES
Día 3: Soto de Sajambre - Boca de Huérgano
55 km / 1.650 m+

Amanece despejado y al fin descubrimos el impresionante paisaje que ayer la niebla mantenía oculto mientras subíamos a Soto de Sajambre. La etapa empieza medio en bajada –siempre hay algún repecho inesperado– por la Senda del Arcediano, el antiguo camino a Oseja de Sajambre. Al llegar al pueblo, rellenamos los bidones con el agua de un generoso caño. Entre vetustos hórreos, un perro con collar de púas metálicas roe un hueso, absorto, ignorando a los ciclistas. "En esta zona hay lobos", nos han alertado en diversas aldeas.

Aquí empieza la ascensión al Puerto de Panderruedas. En apenas 6 km hay que ganar nada menos que 800 metros de desnivel. Los primeros 2 km son pedalear y cantar. Vamos por un camino muy panorámico en el que las rampas duras se alternan con tramos más llanos. Incluso aparece algún que otro tobogán. Lo realmente duro empieza a 2 km del final, cuando la pendiente se dispara. Intentamos en vano subir algunas cuestas. Otras, ni osamos. El firme está bien, pero nos da la sensación que sólo los Iñaki Lejarreta son capaces de subir montados y del tirón por aquí.

El paisaje, ajeno a nuestro lamentable jadeo, luce espléndido, derrochando belleza a cada metro. Invita a parar, tomar aire, sacar fotos… Estamos dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa. Además, al llegar al collado el esfuerzo cobra aún mayor sentido porque en esta ruta no hay subida sin recompensa. Desde el Mirador de Piedrashitas avistamos el Macizo Central. Todavía salpicado por la nieve, luce pétreo, irreal, como un decorado.

El descenso a Posada de Valdeón es largo, por pista ancha y muy rápida, de las que te hacen arder los brazos y hasta saltar algún empaste. Siempre por bosque, cruzamos los ríos Cares, Cable y Anzo, que nos regalan luminosas cascadas. Pese a la velocidad, nos da tiempo de sorprender a varios corzos brincando entre los árboles. Nosotros también damos algún que otro bote, pero involuntario, a causa de los "badenes-catapulta" que decoran el último tramo, que es más pronunciado.

MACIZOS A LA VISTA

Una vez en Posada de Valdeón, en la plaza, no acertamos con el bar. En vez de ir a la pensión Begoña, donde por lo que cuentan se come de maravilla, nos zampamos un bocata de queso manchego que no es tal. Pese a la decepción del paladar, las vistas compensan. Mientras masticamos, contemplamos el Macizo Central justo sobre nosotros y el Occidental un poco más a la izquierda.

La subida al Puerto de Pandetrave arranca por la carretera vieja –atención, no confundirla con la nueva– hacia Santa Marina de Valdeón, donde tomamos un tramo de asfalto antes de volver a terrenos más agrestes, siempre entre hayas y robles, hasta la amplia cumbre. En lo más alto, el tiempo escapa sigiloso, sin avisar, pero el reloj y unas nubes que asoman por poniente nos invitan a perder altura camino del hotel.

Por delante aguardan 10 km de descenso por la angosta carreterilla que va a Portilla de la Reina, más otros 7 km de asfalto en suave bajada hasta Barniedo de la Reina, donde abandonamos por fin la carretera. El final de etapa parecía lejos, pero con tanta bajada llegamos antes de lo esperado.

Tras cruzar Villafrea (con erre) de la Reina, nos desviamos hacia Boca de Huérgano. Cruzamos el viejo puente del siglo XV sobre el río Esla y entramos al hotel Tierra de la Reina. Las nubes todavía no han descargado. Misión cumplida.

EL PAISAJE, AJENO A NUESTRO JADEO, LUCE ESPLÉNDIDO, DERROCHANDO BELLEZA A CADA METRO. INVITA A PARAR, TOMAR AIRE, SACAR FOTOS... ESTAMOS DENTRO DEL PARQUE NACIONAL DE LOS PICOS DE EUROPA.

A VISTA DE PÁJARO
Día 4: Boca de Huérgano - La Mata de Monteagudo
51 km / 1.563 m+

Tras el desayuno, reunimos fuerzas y retomamos el camino hasta la ermita de San Antonio por la Senda de Matapiojos (no es broma). La primera ascensión arranca suave en comparación a las murallas del día anterior. El paisaje también ha cambiado.

La niebla remonta silenciosa las laderas desnudas de la Loma de Pinedo. Al cabo de una hora, aparece el sol. Chaqueta fuera, guantes fuera… Un esfuerzo más y coronamos el Collado de Varazón, a 1.539 metros de altura. Desde lo alto, volvemos a ser dioses. El mar de nubes oculta ahora los valles del sur, aislando las cimas de las montañas vecinas.

El descenso a Valverde de la Sierra es rapidísimo, por caminos sin demasiada dificultad pero que requieren constante atención. Al llegar a Los Casparos, el manto blanco empieza a saltar el collado y diluirse lentamente. Más abajo brilla el sol, pero la chaqueta vuelve a ser necesaria. La temperatura ha bajado sorprendentemente.

Pedaleamos por el GR-1 a orillas del río Grande en dirección a Besande, donde el rutómetro nos conduce hasta un tramo de asfalto y después hacia un nuevo collado, éste mucho más exigente, sobre todo al principio. Entramos en una zona carbonífera abandonada y rodamos con facilidad hasta el Alto de la Eria, que desemboca en un camino trialero muy físico en el que esquivamos sin cesar arbustos, ramas, socavones, regueros y piedras de todos los tamaños.

TRES NUEVAS CUESTAS

En Morgovejo paramos a recuperar fuerzas. En la terraza del bar del control nos sirven dos bocatas enormes rebosantes de chorizo casero bajo un agradable sol. Entonces llega un vecino y suelta: "Si el sol calienta, tormenta". Y se mete en el bar.

Poco después sudamos pimentón a borbotones. Es la tercera ascensión del día, que empieza tras un llano junto al río Cea. Luego el desnivel se dispara sin contemplaciones y empieza un sector muy rompepiernas.

Primero subimos el Collado de los Carros, luego la Collada de la Red y más allá la de Aviados. La última nos espera tras una breve parada en Ferreras del Puerto, donde llenamos el bidón por última vez –atención a la fuente del pueblo anterior, La Red de Valdetuéjar, que no nos dio demasiadas garantías– y ponemos el plato pequeño para subir el último paredón del día.

Desde lo alto divisamos una impresionante pared rocosa plagada de grietas. Al otro lado del inexpugnable muro está Crémenes, donde dormimos hace tres noches. El círculo empieza a cerrarse.

Con este pensamiento bajamos hasta La Mata de Monteagudo, un pueblo de montaña de lo más auténtico, y continuamos hasta el Santuario de la Virgen de la Velilla, donde pace un viejo jamelgo de pelo blanco. Dos curvas más abajo se encuentra la casa de turismo rural La Velilla. Hemos llegado a tiempo para descansar, tomar unas cervezas, comentar la etapa y saludar de nuevo al caballo, que circula libre de acá para allá y se pirra por la hierba del jardín de la casa.

POCO DESPUÉS SUDAMOS PIMENTÓN A BORBOTONES. ES LA TERCERA ASCENSIÓN DEL DÍA. EL DESNIVEL SE DISPARA SIN CONTEMPLACIONES Y EMPIEZA UN SECTOR MUY ROMPEPIERNAS.

LA CUADRATURA DEL CÍRCULO
Día 5: La Mata de Monteagudo - Cistierna
25 km / 605 m+

El último día despertamos al son de los pajarillos, pero con el cuerpo medio destartalado y una melodía discordante detrás de la oreja: "esto se acaba, ¡qué pena!", "me duele todo, pero me apetece salir…", "hoy pinta fácil, pero seguro que hay alguna sorpresa final…".

Entre conjeturas y desperezos, acordamos echarle valor y coger al toro por los cuernos. Lo primero será sentarnos a la mesa para desayunar con calma una potente dosis de buenos alimentos que nos ayudarán a verlo todo con mayor claridad. Efectivamente, tras despedirnos de nuestras atentas anfitrionas y del viejo caballo, que hoy vuelve a pacer junto al santuario, retomamos el camino a El Otero de Valdetuéjar.

Bajamos raudos y felices a través de un sombrío bosque flotando sobre una alfombra de hojarasca. De pronto, el rutómetro vira casi 360 grados y nos envía hacia Los Tientos, que alcanzamos al borde del colapso, casi regurgitando el zumo de naranja, las galletas y las tostadas con jamón. Tras reposar unos minutos, volvemos a pedalear y nos fundimos con el bosque de robles al entrar en un angosto sendero.

Poco más allá, la senda desemboca en un pequeño prado y tuerce bruscamente a la izquierda para encaramarse hasta el collado por una deleitosa trialera apta para todos los públicos. La bajada alberga unos cuantos pasos técnicos, no muy difíciles, pero con traicioneras y afiladas rocas graníticas que hay que saber esquivar. Después, otra subida más, y otra, y otra… "¿No iba a ser fácil hoy?". "Corto sí, fácil nunca", responde la sabia conciencia.

Rodeando el macizo de Peñacorada, entramos en el pueblo abandonado de Quintana de la Peña y seguimos bajando por rápidos caminos hasta las vías del FEVE, que van paralelas al arroyo de Huertos hasta Sorriba. Ahora sí se intuye el final. Apenas un par de kilómetros más y pedaleamos de nuevo a orillas del río Esla, pero por la ribera opuesta.

Acostumbrados a las pequeñas aldeas de estos días, Cistierna hoy nos parece una gran ciudad. En la oficina de Pedales de León nos obsequian con diversos productos de la comarca: potente queso de Valdeón, sabroso chorizo de jabalí y venado, dulces Lazos de San Guillermo… Y, por supuesto, el maillot de finishers de Pedales de León.

Los equipajes ya están en el hotel, pero antes de ducharnos queremos comer. Eduardo nos recomienda hacer un kilómetro extra para subir hasta el restaurante La Tejera, en Valmartino. Al buscarlo en el mapa, las cuentas no salen. "¡Lo menos hay el doble!". Da igual. Merecía la pena. Lo mismo ocurre con el viaje de vuelta.

Tras otras once horas de bus llegamos a casa completamente rendidos, pero también felices de haber pasado unos días practicando mountain bike en un lugar único, y esperanzados, porque todavía quedan paraísos llenos de vida en los que perderse y sentirse parte del medio, respirando aire puro, bebiendo agua de manantiales distintos cada vez que sientes sed… Y a sólo once horas de bus de casa.

DESPUÉS, OTRA SUBIDA MÁS, Y OTRA, Y OTRA... "¿NO IBA A SER FÁCIL HOY?". "CORTO SÍ, FÁCIL NUNCA", RESPONDE LA SABIA CONCIENCIA.

GUÍA PRÁCTICA

RECORRIDO 220 km / 6.650 m+.

→ ITINERARIO CIRCULAR Cistierna - Sabero - Crémenes - Lois - Soto de Sajambre - Posada de Valdeón - Villafrea de la Reina - Besande - La Mata de Monteagudo - Cistierna.

→ DURACIÓN 3, 4, 5 o incluso 6 días.

COTA MÁS ALTA 1.592 m (Collado de Henal).

→ TEMPORADA De junio a octubre, en función siempre de la climatología y la nieve.

INFORMACIÓN Y RESERVAS Pedales de León. Tel. (+34) 987 700 047 / 650 645 967 I www.pedalesdeleon.es

→ Los solitarios y bellos parajes de la poco conocida Montaña Oriental Leonesa.

La suerte de pedalear por caminos del Parque Nacional de los Picos de Europa.

→ La fauna: estamos en territorio del oso, el urogallo, el lobo, los rebecos...

→ La gastronomía local. Pese a las calorías quemadas, adelgazar es tarea complicada.

→ Pedales de León es una ruta exigente en el aspecto físico, con algunos tramos técnicos de sendas. Requiere una mínima condición física para completar el recorrido con garantías.

TIPOS DE CAMINOS Predominan los caminos, hay algunos tramos de senda y varios sectores asfaltados. Aunque el rutómetro (nosotros la hicimos sin GPS) hable de pistas, el concepto de "pista" en el argot local encaja perfectamente con lo que en otras zonas se conoce como "camino".

Pedales de León - Picos de Europa I CONUNPARDERUEDAS.comPOR ETAPAS Nosotros la hicimos en 5 etapas, pero también se puede completar en 4 días sin dejar de disfrutar del paisaje, la bici y, por supuesto, la rica gastronomía de la zona. Uniendo las etapas entre La Mata de Monteagudo y Crémenes, las 4 jornadas habrían quedado muy proporcionadas en kilometraje y desnivel. Por debajo de 4 días, la ruta es indicada para bikers en muy buena forma con pocas inquietudes fotográficas.

CICLABILIDAD Excepto la travesía del hayedo del Puerto de Zalambral, en el que es obligatorio bajarse de la bicicleta, y el último sector de la ascensión al Puerto de Panderruedas, en el que las piernas de cada cual decidirán cuándo hay que bajarse (las rampas llegan al 26% y son por senda), el resto de la ruta es 100% ciclable.

→ ORIENTACIÓN La ruta no está señalizada sobre el terreno. La organización facilita el track para GPS a todos los inscritos.

BICI IDEAL Una mountain bike, rígida o de doble suspensión, perfectamente ajustada y revisada antes de empezar. No hay talleres durante la ruta, por lo que la organización tiene algunas bicis de sustitución en caso de avería grave. Los bikers de la zona aconsejan cubiertas con perfiles anchos que permitan ir con presiones bajas para garantizar el agarre en toda clase de condiciones. Hay algunas zonas de "piedra falsa" que pueden darnos alguna sorpresa.

EQUIPAJES Pedales de León ofrece un servicio de transporte de equipajes, muy recomendable para pedalear libres de peso y disfrutar plenamente de las etapas.

→ La ruta Pedales de León - Picos de Europa funciona desde junio de 2010 y forma parte de la red Pedales del Mundo, iniciada en 2005 con Pedals de Foc.

LIBRO DE RUTA Todos los inscritos disponen de un libro de ruta que deben sellar en diversos puntos de control. Suelen ser bares, restaurantes y hoteles en los que podemos parar a recuperar fuerzas.

MAILLOT DE FINISHER Los bikers que completan la ruta reciben el maillot exclusivo de finisher de Pedales de León - Picos de Europa, además del pack de bienvenida inicial con productos de la región.

ENCANTARÁ... A bikers ávidos de paisajes hermosos que quieran medirse con la verticalidad de las grandes montañas leonesas y disfrutar de un entorno único, virgen y muy salvaje.

CONTRAINDICADA PARA... Incondicionales de las pistas rodadoras, alérgicos a los desniveles y demás entes inmunes a los encantos naturales del monte.

AGUA Las fuentes son abundantes durante todo el recorrido.

→ Como en todas las rutas de Pedales del Mundo, los alojamientos han sido seleccionados por su calidad y servicios. Todos ellos son bikefriendly y los menús se adaptan a las necesidades de los ciclistas. La organización se encarga de las reservas.

→ Durante las etapas no hay problema para encontrar bares y restaurantes donde recuperar fuerzas.

→ La oficina de Pedales de León se encuentra en Cistierna (León), pero la ruta puede empezarse en diversos puntos de control del recorrido, en función de la disponibilidad de los alojamientos.

→ Nosotros fuimos en autobús Alsa desde Barcelona a León, y tren FEVE desde León hasta Cistierna. En ambos medios de transporte admiten bicicletas.

si te ha gustado, compártelo :-)

Dejar un comentario