Vulcan Walk Lanzarote

Lanzarote Vulcan Walk I TREKKING I CONUNPARDERUEDAS.com

TREKKING I 97 km I 3.100 m+

Vulcan Walk Lanzarote & La Graciosa

CAMINAR ENTRE VOLCANES

CUANDO UNO IMAGINA UNAS VACACIONES EN LANZAROTE, ES FÁCIL CAER EN EL ERROR Y LIMITARSE A EVOCAR MENTALMENTE IMÁGENES DE PLAYA DE ARENA NEGRA TAPIZADAS POR HILERAS DE SOMBRILLAS Y TUMBONAS, TURISTAS ENROJECIDOS BLANDIENDO PALOS SELFIE DESDE LA GIBA DE UN CAMELLO –EN REALIDAD, SON DROMEDARIOS– Y HOTELES CON BUFFET LIBRE TRES VECES AL DÍA. SIN EMBARGO, LA VERDAD ES QUE “LA ISLA DE LOS VOLCANES” ATESORA MUCHO MÁS QUE TODO ESO.

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker / Con la colaboración especial de Clara Bon Photography

La ruta que presentamos aquí es la mejor prueba de ello: Vulcan Walk Lanzarote es un viaje a pie desde Playa Blanca, en la costa sur, hasta Órzola, en el extremo norte, descubriendo los parajes más vírgenes y solitarios de la isla.

El itinerario permite recorrer Lanzarote en cuatro cómodas y variadas etapas que, si se prefiere, se pueden ampliar a cinco. Además, como espléndido colofón, al final del trekking existe la opción de cruzar en barco hasta la pequeña y paradisíaca isla de La Graciosa, con tal de disfrutar durante un par de días de sus montañas de colores, sus seductoras playas de arena blanca y, sobre todo, su endémica calma reinante.

CAMINAMOS POR UN ONÍRICO INFIERNO DE ROCAS, CALDERAS Y CAMPOS DE LAVA A LOS QUE SE ACCEDE A TRAVÉS DE UN SINUOSO Y AFILADO SENDERO EXCLUSIVO PARA CAMINANTES, Y NOS PERDEMOS DURANTE HORAS EN EL CAOS DE MAGMA MÁS JOVEN DE LANZAROTE.

RECORRIDO
97 km

Itinerario lineal. Atraviesa Lanzarote de sur a norte, entre Playa Blanca y Órzola, en 4 etapas de grandes contrastes, más una jornada extra (o dos) en la paradisíaca isla de La Graciosa.

DESNIVEL
3.100 m+

Las etapas con más ascensión acumulada son la primera, que supera Los Ajaches, y la cuarta, que además es la más larga, pues recorre de punta a punta los espectaculares acantilados del Risco de Famara.

DIFICULTAD
3/5

No tiene complicaciones técnicas, pero el terreno es agreste y pedregoso. Requiere experiencia en rutas de senderismo de media montaña, buena forma física en general y calzado de trekking.

ATRACTIVOS
☆ ☆ ☆

Los infinitos campos de lava de Timanfaya, las playas vírgenes y los volcanes de La Graciosa, el paisaje vinícola de La Geria –y sus espirituosos frutos–, la indescriptible fuerza del océano...

CRÓNICA DE LAS ETAPAS

LA TRAVESÍA DE LOS AJACHES

La ruta comienza en Playa Blanca, a orillas del Atlántico, concretamente en la Playa de las Coloradas, desde donde avistamos el misterioso perfil de la vecina Fuerteventura.

Nada más dejar atrás la zona urbana, entramos en el desértico macizo de Los Ajaches, cuyo desgastado pero mastodóntico relieve se erigió hace nada menos que 20 millones de años.

Tras un breve sector por tierra de nadie, iniciamos la ascensión al Hacha Grande (561 m), ganando altura por una senda rocosa colonizada por estoicas plantas endémicas y generosas chumberas.

En la cumbre, el viento es el rey del universo y nosotros los súbditos de una tierra descarnada a la vez que sabia.

Ahora toca bajar hasta Femés, el único núcleo habitado por el que pasa la etapa hoy. Para reponer fuerzas, nada mejor que un sabroso plato de ropavieja, una receta local a base de carne, garbanzos, patatas, pimiento rojo, ajo, cebolla, laurel, tomillo y clavo. La sirven muy rica en el pequeño restaurante Femés, en la misma rotonda del pueblo.

La ruta continúa con una nueva ascensión, esta vez hacia la Atalaya de Femés (609 m), segundo punto más elevado de Lanzarote, donde nos aguarda un prolongado y panorámico descenso hasta Uga. Desde las alturas, divisamos el inmenso y joven campo de lava que atravesaremos mañana, más allá de La Geria.

DE LA GERIA AL MALPAÍS DE TIMANFAYA

Tras pasar la noche en una acogedora casa rural de Uga y desayunar en su frondoso jardín –inmejorable ocasión para degustar el tradicional y energético gofio–, la segunda etapa nos conduce hasta el corazón de La Geria, una zona vitivinícola única en el mundo, en la que las vides crecen sobre el picón, la grava volcánica fruto de las erupciones que a principios del siglo XVIII cambiaron la orografía de buena parte de la isla.

En el kilómetro 5 de etapa cruzamos la carretera y pasamos frente a dos bodegas. Este es el único punto de avituallamiento posible hasta que entremos en Tinajo, en el kilómetro 18, así que Maxi, creador e impulsor de la ruta, propone parar y picar algo rápido: "¿Papas 'arrugás' y una Tropical?".

La ruta continúa cruzando La Geria, en dirección al malpaís de Timanfaya, un onírico infierno de rocas, calderas y campos de lava a los que accedemos a través de un sinuoso sendero exclusivo para caminantes, por el que nos perdemos durante horas. Andar a través del caos de magma más joven de Lanzarote es sin duda una experiencia única: los colores, el filo de las rocas, el silencio...

La civilización nos aguarda en el otro extremo de este surrealista paraíso cromático que exploramos y fotografiamos sin prisas, entre calderas, chimeneas y cráteres inmensos.

A ORILLAS DEL OCÉANO

El tercer día, la ruta avanza desde Tinajo hasta Caleta de Famara siguiendo el abrupto litoral, donde el océano ruge entre acantilados y volcanes medio devorados por el oleaje.

Después de encaramarnos a la Montaña Bermeja, la serpenteante senda nos guía hasta el pequeño pueblo pesquero de La Santa, que no hay que confundir con el centro de vacaciones cercano. El bramido del océano nos ha abierto el apetito, así que entramos en el bar El Quemao, sito en la calle del mismo nombre y frecuentado por los pescadores de la zona, para degustar una rica sopa de marisco que entra de maravilla, sobre todo cuando sopla el fresco viento del norte.

Tras la pausa, volvemos a la ruta, que nos depara un suave sector costero de arena blanca que contrasta con el paisaje de la mañana.

En la luminosa playa resaltan grandes rocas negras con incrustaciones de olivina y en el horizonte se alza la impresionante pared del Risco de Famara. Hoy dormiremos en la capital surfera de la isla.

EL ABISMO DE LAS ALTURAS

La cuarta etapa, entre Famara y Órzola, es la más larga y exigente de toda la travesía. Es una especie de examen final, un auténtico maratón que se desarrolla íntegramente sobre los impresionantes acantilados del Risco de Famara.

El día amanece grisáceo y nosotros emprendemos la ascensión por el encañonado sendero del Barranco de la Paja. Caminamos por un sorprendente vergel que crece al amparo de estos poderosos escarpes que se alzan más de 600 metros sobre el Atlántico.

La vertiginosa senda nos encumbra hasta lo más alto del risco y durante horas surcamos la línea del acantilado por un panorámico sendero que nos separa del limbo.

A la hora de comer decidimos tomar la variante que pasa por Haría (km 11), donde hay toda clase de bares y restaurantes.

Después de la parada de mediodía, reemprendemos la ruta ganando altura hacia las cumbres de Gayo, donde nos asomamos a miradores naturales realmente espectaculares. Desde aquí ya sólo quedan unos pocos kilómetros para alcanzar el popular Mirador del Río. La panorámica es grandiosa: La Graciosa, desde lo alto, se muestra como un mapa en tres dimensiones, con sus volcanes de colores, sus playas de arena refulgente, sus casitas blancas…

Un último descenso por senda nos conduce hasta el puerto de Órzola. En las taquillas de El Graciosero nos aguardan nuestros equipajes y los pasajes. Media hora después desembarcamos en la vecina isla de La Graciosa, donde el tiempo parece detenerse.

PARAÍSO TERRENAL

La pequeña isla de La Graciosa, de sólo 29 km2 y todavía libre de asfalto, es el escondite ideal para relajarse durante un par de días al final del viaje o, si aún quedan energías, seguir explorando su fantástica orografía, ya sea a pie o en bicicleta.

El primer día lo dedicamos a andar desde Caleta del Sebo hasta la Montaña Amarilla. De camino, las playas Francesa y de La Cocina son una tentación ineludible, con su arena blanca y aguas turquesas. La excursión suma sólo 11 km entre ida y vuelta y es un deleite para los sentidos y las ideas.

Para el segundo día, en la misma plaza del pueblo hay servicio de alquiler de mountain bikes. La bicicleta es el medio de transporte perfecto para acercarse hasta los arcos de basalto de Los Caletones y las bellas playas Lambra y de Las Conchas, en la costa norte de la isla. Los locales recomiendan no bañarse en ellas, por el oleaje y las traidoras corrientes.

Nosotros optamos por repetir la excursión de la costa sur, pues hace un tiempo ya dimos la vuelta a la isla en bicicleta. Nos encanta este edén, siempre a resguardo del predominante viento del noreste. Con un bocadillo y agua en la mochila, vagamos entre las rocas, observando las mareas ir y venir, sin otra ocupación que tomar el sol, nadar y hacer la medusa entre peces de colores.

DESDE LO ALTO, LA GRACIOSA SE MUESTRA COMO UN MAPA EN TRES DIMENSIONES, CON SUS VOLCANES DE COLORES, SUS PLAYAS DE ARENA REFULGENTE, SUS CASITAS BLANCAS...

GALERÍA DE IMÁGENES

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