Bagüeste a pie desde Las Bellostas

TREKKING I 11 km I 430 m+

Bagüeste a pie desde Las Bellostas

VENTANA AL PASADO

EN MEDIO DE UN VASTO TERRITORIO AGRESTE Y SOLITARIO, LAS RUINAS DE BAGÜESTE SE ELEVAN SOBRE UN SILENCIOSO VACÍO. SIN PRISA, VIAJAMOS A PIE, A TRAVÉS DEL TIEMPO, ENTRE SELVAS DE BOJ Y CAJIGOS CENTENARIOS QUE BALIZAN GENUINOS CAMINOS DE HERRADURA, LAS ÚNICAS VÍAS DE COMUNICACIÓN QUE MANTENÍAN EN CONTACTO CON EL MUNDO A SUS ANTIGUOS MORADORES.

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker

En las estribaciones más septentrionales de la Sierra de Guara, coronando una atalaya natural que se eleva sobre los barrancos labrados por el Balced y el Mascún, se distingue, desde muy lejos, la torre solitaria de lo que parece una iglesia, pero que también podría ser un castillo. A 1.207 metros de altura, Bagüeste fue el pueblo más alto de este territorio que hace algo más de medio siglo quedó apartado del mundo.

Sus pobladores, empujados por las circunstancias, la esperanza de un futuro mejor para los suyos o una ingrata mezcla de ambos, fueron haciendo las maletas y echando la llave para siempre. Dieron un paso al lado, como quien se apea del tren porque a pie se avanza más rápido. Hoy, el deshabitado de Bagüeste, con sus nueve casas, sus parideras, sus muros, sus eras y su templo cristiano de origen románico aguantan, como pueden, los embates de los inviernos mientras observan una espléndida panorámica del Pirineo.

EL SENDERO PIERDE ALTURA. AL PRINCIPIO, TÍMIDAMENTE. DESPUÉS, IMPACIENTE, ACABA PRECIPITÁNDOSE HACIA EL CAÑÓN DIBUJANDO SINUOSAS CURVAS, POR UN TERRENO MÁS ÁRIDO Y EROSIONADO.

RECORRIDO

11 km

Itinerario con inicio y final en el pueblo de Las Bellostas para acceder al núcleo deshabitado de Bagüeste siguiendo el GR-1 y regresar, previa visita a las Pasaderas del Balced, por el sendero del mismo río.

DESNIVEL

430 m+

Aunque no acumula una ascensión excesiva, la excursión es un constante y entretenido sube y baja que invita a guardar fuerzas, especialmente para la subida final, que va desde el nivel del río hasta Las Bellostas.

DIFICULTAD

3/5

El 95% de la ruta es por senderos con raíces, piedras, rocas y algún que otro paso en equilibrio para vadear el río. Requieren buen calzado y estar acostumbrado a caminar por media montaña.

ATRACTIVOS

☆ ☆ ☆

El ambiente salvaje y primigenio, el silencio, el aire puro, las ruinas de Bagüeste, el monumental cajigo, las pozas de agua cristalina del río Balced, las vistas del Pirineo, el acogedor pueblo de Las Bellostas…

UN RÍO CON MUCHOS NOMBRES

Nuestra ruta comienza en el pequeño pueblo de Las Bellostas, en el Biello Sobrarbe. Las marcas de pintura blanca y roja del GR-1 se cuelan entre las casas, pasan junto a una fuente y parten en dirección a Bagüeste y Letosa por un precioso sendero de muros de piedra cubiertos por una mullida capa de musgo.

Después de un breve tramo de bajada, salimos a una pista, la cruzamos y continuamos por senda hasta el río Balced –o Isuala, según el mapa–, que también recibe el nombre de Belcez y Balcés, entre otras variantes. En la orilla opuesta, tras hacer equilibrios para no mojarnos demasiado los pies, si nos fijamos, veremos dos sendas. La principal –señalizada como GR– tira hacia arriba. La menos evidente continúa junto al cauce, sobre las rocas. Tomemos nota del lugar porque por esta ribera regresaremos más tarde.

Entre bojes y erizones, el sendero gana altura rápidamente, elevándonos hacia un panorámico balcón de roca. Al fondo del barranco, el río aparece entretenido. Visiblemente indiferente ante si lo llamamos así o asá, fluye trazando constantes meandros y presumiendo de luminosas pozas de agua cristalina color verde-azulado.

RUINAS QUE CALLAN

Con el Pirineo emergiendo a nuestras espaldas, traspasamos una decena de hileras de pinos jóvenes de repoblación que retan a la pendiente. Poco más allá, la vegetación autóctona vuelve a emboscarnos. Entre encinas, buchos y cajigos de troncos retorcidos, se adivinan los restos de antiguas terrazas. Desde la espesura, unas vacas nos observan, atentas, mientras pacen relativamente tranquilas.

Cuando la senda desemboca en un camino más ancho, a nuestra derecha aparecen los restos de la iglesia de San Miguel. Bagüeste queda muy cerca, pero aún hay que caminar hasta un último claro en el que ya empezamos a ver sus casas diseminadas por la espaciosa y chata ladera.

Los muros que en su día flanquearon el acceso al pueblo hoy yacen desmoronados sobre la vereda. El GR, como quien evita pisar un cementerio, se desvía a la derecha y gana el altozano a través de las eras.

Una casa aquí, otra allá. Ninguna parece accesible. Portales invadidos por zarzales, barricadas de artos, tejados hundidos, ventanas desnudas, vigas podridas… Excepto las fachadas de unos edificios que más pronto que tarde serán sólo montículos de piedras con extraordinarias vistas del Pirineo, poco queda por ver, pero mucho por recordar.

TESTIMONIOS EN PRIMERA PERSONA

Sobre pueblos deshabitados de Huesca, existen multitud de páginas web. Uno de los posts más completos e interesantes sobre Bagüeste es el del blog Los pueblos deshabitados de Faustino Calderón, verdadero especialista en recuperar testimonios de los últimos habitantes, ya sea de forma directa o a través de sus descendientes, que recuerdan cómo era la vida en la primera mitad del siglo XX en estos apartados lugares.

La suya es una aportación realmente valiosa desde el punto de vista humano, antropológico y cultural, que también resulta emotiva en muchos casos. El artículo dedicado a Bagüeste recupera los nombres de las casas y las familias, cuenta de dónde venía el herrero para poner a punto las caballerías, a cuántas horas de camino vivía el médico más cercano, cuándo y cómo celebraban el baile, de dónde traían el vino y el aceite, de dónde era la última maestra que dio clase en el pueblo…

Otra fuente de información irrepetible es el libro La Montaña Olvidada. Despoblados del alto Alcanadre, de Arturo González Rodríguez. En sus páginas hay incontables fotografías realizadas hace pocos años de detalles y curiosidades que a día de hoy ya no son accesibles a causa del deterioro y los derrumbes, como pinturas en las iglesias, interiores de algunas viviendas, etc.

Sin duda alguna, ambas lecturas son del todo recomendables antes, durante y después de realizar esta ruta.

RECUERDA LOS NOMBRES DE LAS CASAS Y LAS FAMILIAS, DE DÓNDE VENÍA EL HERRERO PARA PONER A PUNTO LAS CABALLERÍAS, CUÁNDO Y CÓMO CELEBRABAN EL BAILE, DE DÓNDE ERA LA MAESTRA...

EN LO MÁS ALTO

Camino de la iglesia, que se encuentra en el punto más alto del pueblo, nos llama la atención el vierteaguas de un tejado tallado en piedra de una casa que seguramente derivaba en un aljibe y el portal de arco de medio punto de otra que al lado de la puerta parece tener un pozo. Aunque ha perdido un trozo de pared, logramos identificarla. Según Faustino Calderón, es Casa Javierre, la última en quedar deshabitada. El Catálogo de pueblos y municipios de Aragón indica que en 1900 vivían aquí 79 personas. En 1960, sólo quedaban 27. En 1970, ninguna.

Aunque también amenaza ruina, la iglesia de San Salvador –del siglo XII– es el edificio que se encuentra en mejor estado. En su interior aún se distinguen algunos restos de pinturas, pero lo más destacable son las dos figuras aladas –ángeles– que hay talladas en un vano sobre el altar.

Desde fuera, todavía se puede acceder al campanario, aunque hay algunos cascotes en el suelo. La escalera es muy vertical y estrecha, pero desde lo alto, la torre nos ofrece una espléndida panorámica de todo el pueblo y su entorno.

POZAS TENTADORAS

Antes de abandonar el pueblo, en una de sus soleadas eras, damos cuenta de nuestro picnic mientras identificamos las cumbres que asoman nevadas sobre la Sierra del Gabardón.

De nuevo en marcha, retomamos el GR-1, que baja por una senda muy rota hasta el cruce de Letosa. A partir de aquí, nuestra ruta deja el GR y pone rumbo a las Pasaderas del Balced.

Tras un breve tramo de camino ancho, el track de GPS se desvía por una huella menos visible y nos guía a través de una selva de boj hasta un inmenso cajigo vigilante. El sendero pierde altura. Al principio, tímidamente. Después, impaciente, acaba precipitándose hacia el cañón dibujando sinuosas curvas, por un terreno más árido y erosionado.

Una vez a orillas del río, semiocultas por un bosque de ribera, descubrimos las Pasaderas del Balced. Las cruzamos sin problema, pero tras observar el mapa, consideramos que regresar a Las Bellostas por el sendero que remonta el curso del río puede ser más atractivo que subir por el camino de Peña Espluga. Así que las volvemos a cruzar.

La huella que discurre junto al Balced, aunque está señalizada, a veces resulta un poco confusa. Se pierde, reaparece, se bifurca… lo que obliga a improvisar, volver atrás, hacer algún equilibrio… Pero el esfuerzo extra merece la pena, pues avanzamos de poza en poza, a cual más tentadora, pensando en voz alta: "Aquí hay que volver en verano".

AUNQUE ESTÁ SEÑALIZADA, LA SENDA DEL RÍO A VECES RESULTA UN POCO CONFUSA. SE PIERDE, REAPARECE, SE BIFURCA... LO QUE OBLIGA A IMPROVISAR, VOLVER ATRÁS, HACER ALGÚN EQUILIBRIO...

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2 Responses

  1. Pol
    | Responder

    Guardo un gran recuerdo de esta ruta. Una zona bella con unas vistas realmente inesperadas y una tranquilidad infinita.

    Obligado llevar comida (si es local mejor 😉 ) para disfrutar de las vistas una vez llegamos a Bagüeste. Una salida ideal para descubrir un poco más de la historia de esta precioso rincón del Sobrarbe Central que demasiada gente desconoce.

    Con ganas de conocer más rutas!!! 😉

    • conunparderuedas
      | Responder

      muchas gracias, Pol, fue una matinal fantástica, la próxima vez iremos al Mascún 🙂

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